Aquel mundo parecía tener algo que ver
con la realidad que reconocían Joseph y sus amigos. Las calles, las
casas y el resto de los edificios que adornaban el lugar, eran
similares a los que recordaban del lugar donde siempre habían
vivido. Eso les permitió actuar con rapidez cuando decidieron
levantar a Arthur del suelo para llevarlo dentro de una casa que
parecía tener la puerta abierta. Joseph estiró la mano lo mejor que
pudo para tomar el pestillo metálico que se doblegó ante la fuerza
que sus dedos ejercieron. La puerta que no parecía muy pesada se
abrió, y a sabiendas que aquel edificio estaba completamente vacío,
Joseph no pudo evitar sentir la necesidad de preguntar si había
alguien dentro.
—Amigo, aquí no debería haber nadie
—dijo Rogert, llevando con dificultad a Arthur.
Joseph agachó la cabeza, llevando su
mirada hasta el rostro de Arthur, que aun mostraba se?ales de
conciencia a través de sus gestos. La mente de Joseph sentía la
confusión propia de alguien quien no comprende lo que ve, y es que
ellos mismos sabían que en aquel mundo las cosas no funcionaban como
en la realidad. Ese dolor que parecía estar sintiendo Arthur, era
algo desconocido para ellos, e incluso la sensación de peligro, era
algo nuevo.
—Esto no debería estar pasando…
—Dejémoslo reposar aquí —dijo
Rogert.
—?Qué pudo haberle pasado? —le
pregunto Joseph a Rogert, viéndolo con preocupación.
Rogert no le respondió a su amigo de
inmediato, sino que se sentó a un lado del cuerpo de Arthur, quien
se movía de forma extra?a. En la cabeza de aquellos dos no había
otra cosa más que la sensación de confusión que aquel escenario
les estaba planteando. Joseph dijo que sus movimientos le recordaban
a las parálisis del sue?o que normalmente puede experimentar
alguien al estar dormido, pero aquello no parecía ser posible del
todo, pues esa experiencia misma, era en sí un sue?o.
—No lo sé. Se supone que esto es un
sue?o, no debería estar pasando algo como eso… —dijo Rogert,
con la mano apretando su barbilla ligeramente.
—Deberíamos tratar de despertarlo
—sugirió Joseph.
Extendió sus manos hasta poder sujetar
los hombros de Arthur, quien frunció más el ce?o. La expresión en
su rostro cambió a una que parecía reflejar algún tipo de dolor.
Rogert se dio cuenta, y antes de que Joseph comenzara a sacudir a su
amigo tendido en el suelo, Rogert lo detuvo apartándolo ligeramente.
Dijo que había algo extra?o en su expresión, por lo que pensó que
deberían buscar alguna se?al extra?a en su cuerpo. Joseph no
parecía estar de acuerdo, y a rega?adientes comenzó a buscar en
sus brazos alguna herida visible que en su interior sabía no sería
posible encontrar. Sin embargo, al pasar la mano por encima de la
camiseta, cerca del pecho, sintió algo que llamó su atención.
—Aquí se siente algo extra?o…
—susurró mirando a Rogert.
Retiró la mano con cuidado, mientras
que Rogert comenzaba a levantar la camiseta de Arthur que reveló poco
a poco parte de su cuerpo. Se detuvo de inmediato cuando observó una
mancha negruzca que parecía querer extenderse a otras partes del
cuerpo, por lo que retiró sus manos de golpe cayendo en el suelo de
forma abrupta. Joseph lo miró, y notó que en los ojos de su amigo
había algo más que incertidumbre,. Esa mirada que estaba siendo
absorbida por un miedo desconocido era algo que podía reconocer con
facilidad. Eso gracias a vivencias pasadas.
—Deberíamos tratar de despertar...
—dijo Rogert.
—?Y qué pasará con Arthur?
—preguntó Joseph.
—No lo sé. Quizá este bien cuando lo
hagamos.
Aquellas palabras eran extra?as a los
oídos de Joseph, sobre todo por estar saliendo de la boca de Rogert,
quien era por mucho el más valiente de los tres. Joseph sintió que
aquello sería equivalente a dejar que su amigo Arthur quedase a su
suerte en una situación de peligro. Asumió que no podría hacer más
si no sabía con exactitud a lo que se enfrentaba, por lo que decidió
ignorar aquella faceta que le mostraba Rogert, y terminó por
levantar la camiseta de su amigo que estaba tendido en el suelo.
—?Qué demonios es eso? —preguntó
al aire, mientras su mirada estaba fija en el pecho de Arthur.
—Esto esta mal, viejo…
La voz ahogada de Rogert no detuvo a
Joseph de acercarse para mirar con más detalle lo que estaba
revelando el pecho de Arthur. Quiso acercar su mano, estirando los
dedos con sutileza hasta aquella anomalía, pero su sentido común lo
obligó a detenerse, permitiéndole simplemente observar aquello que
tenía frente a sí. Era un agujero, y no uno cualquiera. Aquel
peque?o foso cambiaba de forma gracias a algo que salía de él.
Esas peque?as hileras fluctuantes de algo parecido a un líquido que
se mueve sin ser afectado por la gravedad, salía y entraba del
agujero negruzco que no parecía tener fondo. Rogert dudó en
acercarse a mirar, hasta que fue el mismo Joseph quien lo obligó a
ver más de carca aquella anomalía. Le dijo que no podía
simplemente despertar y dejar a Arthur en esa situación, sobre todo
cuando él mismo había sido quien los incitó a ambos a seguir
explorando aquel nuevo evento que atribuían a si mismos como una
habilidad sobre humana.
—No sé que podríamos hacer… Arthur
parece estar dormido, y no sabemos cuál es la causa de esto.
Joseph entendía que la incertidumbre
que le mostraba Rogert era tan válida como el hecho de que no podían
dejar a Arthur a su suerte. Con eso en mente, se obligó a sí mismo
en primer lugar a permanecer en calma, y de esa manera tratar de
pensar en una posible solución. Recordó la primera vez que pisaron
aquella ciudad onírica, y como por accidente descubrieron que parte
de su ser consciente era capaz de manipular las cosas. Quizá Arthur
había logrado alterar parte del camino que recorrió, y eso podría
darles la pista que necesitaban. Le propuso a Rogert dejar a Arthur
en ese sitio, y juntos tratar de encontrar esas pistas que debían
estar dispersas por ahí. La mirada de Rogert sacudió a Joseph, como
si un golpe de realidad le hubiese impactado directo en el pecho.
—?Estás demente, amigo? No podemos
simplemente recorrer todo este lugar esperando encontrar algo que no
sabemos si existe.
Joseph con los ojos abiertos, se
sorprendió al ver aquella explosión de enojo que su amigo le
mostró. Le dio la razón, y fue entonces que decidió sentarse de
nuevo junto a Arthur para tratar de pensar en una solución más
lógica. Joseph notó que sus manos estaban tan tensas como los
músculos de sus brazos. No se había dado cuenta de que aquellas
sensaciones se sentían mucho más reales de lo que había percibido
antes, y eso por sí solo le generó un halo de curiosidad propia de
su personalidad. Estiró la mano derecha, extendiendo lo más posible
cada dedo. Sintió un cosquilleo que pronto se convirtió en un
calambre doloroso. No tanto como recordaba.
—?Recuerdas haber sentido dolor en
algún momento, Rogert?
Rogert no se había percatado de la
magnitud de aquellas palabras. Simplemente se detuvo para tratar de
recordar como era el dolor en sí, y al no llegar a una conclusión
lógica, levantó un poco la mano para impulsarla en forma de pu?o
contra el suelo que estaba cubierto por un piso de madera reseca y
vieja. Retrajo la mano con rapidez en cuanto el sonido del golpe se
dejó escuchar. Joseph notó como Rogert arrugó la cara al momento
de golpear el suelo, y eso le dio la respuesta que buscaba.
—La primera vez nos tiramos por un
acantilado, y no sentimos nada al llegar al fondo.
—Lo recuerdo. Esto es algo nuevo…
—susurró Rogert entre quejidos.
Joseph argumentó que algo debía estar
causando que sus cuerpos oníricos, por llamarlos de alguna forma,
estaban siendo expuestos a aquellas sensaciones que eran propias de
la realidad, y para él, aquel agujero en el pecho de Arthur era la
clave para entender lo que estaba pasando. Rogert se rindió frente a
la deducción de Joseph, y al quedarse viendo por un momento el
cuerpo tendido de Arthur, supo que algo más podría estar pasando
que estaban ignorando.
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—Creo que hay algo más que no estamos
viendo, amigo.
—?A qué te refieres? —le preguntó
Joseph.
Rogert no supo como explicarle a Joseph
a lo que se estaba refiriendo, pues aquella sensación de incomodidad
era algo que no alcanzaba a entender completamente como para poder
explicársela a alguien más. Joseph notó la mirada de Rogert, que
recorría el lugar como si buscase la respuesta a aquella incógnita.
Joseph trató de calmar a su amigo, diciéndole que aquel sitio no
tenía nada extra?o, y que incluso el mundo en el que estaban seguía
siendo el mismo que habían visitado en momentos anteriores. Rogert
trató de aceptar aquel pensamiento, y salvo por lo que había visto
en su amigo Arthur, no tenía ningún otro motivo como para comenzar
a dudar de lo que Joseph decía. Decidió no dejarse llevar por lo
que su instinto le arrojaba, y lo mantuvo para sí mismo. Se levantó
y comenzó a caminar hasta donde estaba el inicio de unas escaleras
de madera que llevaban a un segundo piso. Al llegar al primer
escalón, hizo reposar su mano sobre el barandal que también estaba
hecho de madera, y que mostraba el mismo deterioro que había notado
en el suelo.
—Quizá arriba haya algo diferente…
Sus palabras se vieron interrumpidas por
su propio silencio que llegó de inmediato en cuanto vio lo que había
al final de las escaleras, más arriba. Aquella visión hizo que su
expresión fuese más rígida. Sus ojos abiertos, acompa?ados por
una boca temblorosa que era ba?ada por el sudor que resbalaba sobre
su piel, dibujaron la forma del miedo que había estado latente desde
un principio en su interior. Joseph se levantó rápidamente y fue a
paso rápido hasta donde estaba su amigo. Casi resbala al tratar de
ponerse de pie, y una segunda vez, cuando al acercarse hasta donde
estaba la escalera siguió con la intención de subir los escalones.
Sin embargo, se detuvo de golpe cuando se dio cuenta de que la
abertura no existía, y el techo continuo cerraba el segundo piso,
dejando una escalera incompleta en aquella casa aparentemente vacía.
—?Ya habíamos visto algo así?
—preguntó Rogert, mientras retrocedía nervioso.
—No deberíamos preocuparnos tanto.
Debe haber alguna explicación.
Joseph sabía que aquel mundo no era
real, pero la visión casi calcada de la realidad misma de donde
ellos provenían, le hizo sentir que quizá podría tratarse de una
extensión de lo que era real, debido a la forma en que podían
interactuar dentro de aquel sue?o. Recordó haber leído antes sobre
los sue?os lúcidos, y como había pasado algunas noches
investigando sobre como funcionaban las cosas dentro de lugares como
aquella casa, y eso por si mismo le ayudó a calmar sus adentros
cuando el nerviosismo comenzó a formarse en su pecho. Respiró
profundo, y asumió que lo que estaba experimentando no era más que
una forma incompleta de información que hacían romper el sue?o
lúcido en sí.
—Debemos mantenernos calmados, Rogert.
Recuerda que esto es un sue?o.
Rogert intentó creer en las palabras de
su amigo, pero para él, aquello que estaba experimentando era tan
real, que incluso al saber que había llegado hasta ahí después de
haberse quedado dormido, no pudo hacer que su cuerpo creyese lo
contrario. Joseph le dijo que debido a que se habían dado cuenta de
que la estructura del mundo era irreal y fuera de toda norma, era
cuestión de tiempo para que despertasen logrando salir de aquel
lugar. Rogert asintió nervioso, mientras trataba de prestarle
atención a Joseph, para convencerse a sí mismo de que todo estaría
bien. Sin embargo, algo más estaba sucediendo dentro de aquella
casa. Ellos lo intuían, pero buscaban constantemente la manera de
hacerse creer que nada más sucedería.
—Tenemos que hacer algo con Arthur
—dijo Joseph.
—Voy a tratar de despertarlo…
Las palabras nerviosas de Rogert
alertaron a Joseph. él nunca había visto a su amigo tan fuera de si
como en ese momento, lo que le estaba causando una enorme
incomodidad. Lo dejó acercarse hasta el cuerpo de Arthur, quien aun
se movía de forma errática mientras estaba tendido en el suelo.
Aquellas expresiones propias de alguien quien duerme experimentando
una pesadilla, fueron suficientes como para hacer que los otros dos
presentes no supiesen que hacer al respecto. Rogert se dejó caer de
rodillas en el suelo, y pese al dolor que sintió, no hizo ningún
gesto que lo delatase. Colocó las manos en los hombros de Arthur y
comenzó a moverlo. Joseph miraba con expectación la escena y se
mantuvo alejado muy cerca de la escalera.
—?Por qué no estamos despiertos?…
—se preguntó a sí mismo.
Aquella pregunta era tan válida como la
tensión que se apoderaba de su cuerpo. Por debajo, sin que Rogert lo
notase, los movimientos de los dedos en la mano de Joseph reflejaban
la inseguridad que aquella experiencia le estaba otorgando. Como
podía, hundía las u?as en sus propios dedos para arrancarles
carne, causando que algunas gotas de sangre se derramaran para
impactar contra el suelo de madera. Joseph notó aquello como si
fuese algo antinatural, y realmente lo era. Al menos en aquel mundo.
Cuando levantó la mano para observar sus dedos, se dio cuenta de que
estaban impregnados con un poco de su propia sangre, y eso lo alarmó.
Arthur estaba sentado, siendo sostenido
por Rogert mientras se movía de forma sutil como si siguiese dormido
profundamente. Joseph se dio cuenta de que la expresión de Rogert
cambió a una de sorpresa, llena de una confusión tal que no pudo
hacer otra cosa más que quedarse pasmado por un momento ante lo que
estaba experimentando. Arthur dijo algo. Emitió un sonido tan bajo
que Rogert no tuvo otra opción más que acercar su oreja hasta la
boca de su amigo. Ahí escuchó algo que Joseph quiso saber, pero
cuando intentó acercarse para tratar de ser parte de aquello que
estaba pasando, Rogert lo miró con terror, gritando que no se
acercase. Joseph se detuvo en seco, y con los ojos abiertos de par en
par, abrió la boca para preguntar por qué.
—?No vengas, Joseph! —exclamó
Rogert.
—?Qué sucede? —preguntó Joseph.
—Tienes que irte de aquí…
Joseph no pudo moverse como quería
hasta donde estaban sus amigos. Su cuerpo se paralizó al ver la
expresión que Rogert mantuvo hasta el último momento. Notó como
Arthur movió la cabeza de forma sutil, hacia un lado, atrayendo a
Rogert hacía sí, para atraparlo en un abrazo que no tenía ningún
sentido. Joseph levantó el pie derecho, con la intención de dar un
paso hacia donde estaba aquellos, Rogert lo detuvo nuevamente con una
advertencia que sacudió mucho más su cabeza. Le dijo que aquel no
era el Arthur que conocían, y que si se acercaba más, correría con
la misma suerte que estaba a punto de atraparlo. Joseph desistió del
todo cuando notó que el rostro de Arthur se deformó, al tiempo que
su cabeza comenzó a torcerse para poder míralo de frente. El
crujido de los huesos en el cuello de su amigo causaron que en su
cuerpo hubiesen sobresaltos, y nuevamente su pie derecho estuvo
pisando el suelo sin acercarse lo más mínimo.
—Ven con nosotros, Joseph… —dijo
Arthur, con una voz más gruesa y descolocada.
Joseph tragó saliva, mientras su
respiración acelerada se entrecortaba por momentos. Sintió que en
sus manos la humedad se estaba haciendo mucho más presente, y sin
poder moverse, aquel dolor agudo y suave que tensiona el cuerpo lo
invadió impidiéndole moverse con libertad. Se quedó quieto
observando el rostro de aquellos dos de forma intermitente. Notó que
el de Rogert tenía gestos extra?os, mientras que el de Arthur se
hacía más tétrico y oscuro. Escuchó un quejido, y con él, como
algunos huesos se quebraban, haciendo un sonido parecido al de ramas
secas siendo aplastadas, que llegó hasta sus oídos. En el rostro de
Rogert, los ojos se desorbitaron, mientras que de su boca, nariz y
orejas salía un líquido rojizo oscuro que tendía a un color negro.
—Rogert…
Joseph sintió como un golpe fuerte le
dio directo en el pecho, no producto de algo, sino del mismo terror
que comenzaba a llenar sus adentros de forma imparable. Un grito
ensordecedor llegó hasta él sacándolo de su parálisis. Era
Arthur, o lo que fuera que estuviese dentro de él. Le dijo que fuese
hasta donde estaban ellos. Joseph lo ignoró, y al darse cuenta de la
puerta por la que habían entrado antes, corrió mientras gritaba
desesperado dando algunos saltos. Alcanzó el pomo y lo hizo girar
tan rápido como pudo. Falló en el primer intento. Escuchó que la
madera detrás de él comenzó a crujir, como si alguien se estuviese
acercando. Un segundo intento le permitió abrir la puerta. Del otro
lado, un pasillo oscuro como el de un hospital lo esperaba. No tuvo
opción. Atravesó la puerta cerrándola al instante tras de sí.
Escuchó un golpe seco, que lo obligó a cubrirse la cabeza con las
manos, dejándose llevar por el instinto, y cuando se dio vuelta, la
puerta ya no estaba.
—?Qué está pasando? —se preguntó
entre sollozos.
Al verse solo en aquel pasillo oscuro,
notó que las paredes y elementos que la adornaban estaban bastante
desgastados. La pintura vieja de aquel lugar se caía a pedazos,
revelando una estructura que parecía haber sido construida mucho
tiempo atrás. Joseph se dio cuenta de que aquel sitio se parecía a
uno que había visto antes. Se miró las manos, que aun le temblaban,
siendo consumidas por su propio sudor, y como en uno de sus dedos
seguía presente un poco de la sangre que antes había salido. Trató
de limpiarse las manos, frotándolas entre sus ropas.
—Tengo que salir de aquí… —susurró.
Comenzó a caminar lentamente,
atravesando el pasillo mientras la luz de la luna se colaba a través
de un par de ventanas en la pared de la derecha. Se acercó hasta el
marco de una de ellas, y afuera no había nada que pudiese reconocer.
Aquel sitio estaba rodeado por un intenso bosque que estaba siendo
revelado de forma parcial gracias al reflejo de la luna. Al final, no
tuvo más remedio que seguir caminando con cuidado para tratar de
alcanzar la puerta doble que lo esperaba del otro lado del pasillo.
Ahí, tuvo que empujar ambas puertas para poder abrirlas, revelando
del otro lado un salón más grande donde algunas lámparas de
aspecto antiguo se mantenían encendidas. Era una especie de
recepción. El corazón de Joseph seguía latiendo con mucha fuerza
mientras se acercaba hasta una silla que lo invitaba a descansar. Se
acercó, y antes de sentarse palpó el cojín, que estaba
sorprendentemente suave. Sacudió el polvo que había en la
superficie, y se sentó. Mientras miraba a su alrededor, comenzó a
dejar salir las lágrimas que había estado tratando de contener. No
había ningún pensamiento que pudiese llegar a su cabeza en ese
momento para tratar de explicar la situación. Decidió permanecer un
rato allí en aquel sitio que parecía seguro, y mientras su cuerpo
recuperaba algo de aliento, en su cabeza seguía preguntándose por
qué no había despertado de aquel sue?o.

