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Capítulo II - Ruptura

  Aquel mundo parecía tener algo que ver

  con la realidad que reconocían Joseph y sus amigos. Las calles, las

  casas y el resto de los edificios que adornaban el lugar, eran

  similares a los que recordaban del lugar donde siempre habían

  vivido. Eso les permitió actuar con rapidez cuando decidieron

  levantar a Arthur del suelo para llevarlo dentro de una casa que

  parecía tener la puerta abierta. Joseph estiró la mano lo mejor que

  pudo para tomar el pestillo metálico que se doblegó ante la fuerza

  que sus dedos ejercieron. La puerta que no parecía muy pesada se

  abrió, y a sabiendas que aquel edificio estaba completamente vacío,

  Joseph no pudo evitar sentir la necesidad de preguntar si había

  alguien dentro.

  —Amigo, aquí no debería haber nadie

  —dijo Rogert, llevando con dificultad a Arthur.

  Joseph agachó la cabeza, llevando su

  mirada hasta el rostro de Arthur, que aun mostraba se?ales de

  conciencia a través de sus gestos. La mente de Joseph sentía la

  confusión propia de alguien quien no comprende lo que ve, y es que

  ellos mismos sabían que en aquel mundo las cosas no funcionaban como

  en la realidad. Ese dolor que parecía estar sintiendo Arthur, era

  algo desconocido para ellos, e incluso la sensación de peligro, era

  algo nuevo.

  —Esto no debería estar pasando…

  —Dejémoslo reposar aquí —dijo

  Rogert.

  —?Qué pudo haberle pasado? —le

  pregunto Joseph a Rogert, viéndolo con preocupación.

  Rogert no le respondió a su amigo de

  inmediato, sino que se sentó a un lado del cuerpo de Arthur, quien

  se movía de forma extra?a. En la cabeza de aquellos dos no había

  otra cosa más que la sensación de confusión que aquel escenario

  les estaba planteando. Joseph dijo que sus movimientos le recordaban

  a las parálisis del sue?o que normalmente puede experimentar

  alguien al estar dormido, pero aquello no parecía ser posible del

  todo, pues esa experiencia misma, era en sí un sue?o.

  —No lo sé. Se supone que esto es un

  sue?o, no debería estar pasando algo como eso… —dijo Rogert,

  con la mano apretando su barbilla ligeramente.

  —Deberíamos tratar de despertarlo

  —sugirió Joseph.

  Extendió sus manos hasta poder sujetar

  los hombros de Arthur, quien frunció más el ce?o. La expresión en

  su rostro cambió a una que parecía reflejar algún tipo de dolor.

  Rogert se dio cuenta, y antes de que Joseph comenzara a sacudir a su

  amigo tendido en el suelo, Rogert lo detuvo apartándolo ligeramente.

  Dijo que había algo extra?o en su expresión, por lo que pensó que

  deberían buscar alguna se?al extra?a en su cuerpo. Joseph no

  parecía estar de acuerdo, y a rega?adientes comenzó a buscar en

  sus brazos alguna herida visible que en su interior sabía no sería

  posible encontrar. Sin embargo, al pasar la mano por encima de la

  camiseta, cerca del pecho, sintió algo que llamó su atención.

  —Aquí se siente algo extra?o…

  —susurró mirando a Rogert.

  Retiró la mano con cuidado, mientras

  que Rogert comenzaba a levantar la camiseta de Arthur que reveló poco

  a poco parte de su cuerpo. Se detuvo de inmediato cuando observó una

  mancha negruzca que parecía querer extenderse a otras partes del

  cuerpo, por lo que retiró sus manos de golpe cayendo en el suelo de

  forma abrupta. Joseph lo miró, y notó que en los ojos de su amigo

  había algo más que incertidumbre,. Esa mirada que estaba siendo

  absorbida por un miedo desconocido era algo que podía reconocer con

  facilidad. Eso gracias a vivencias pasadas.

  —Deberíamos tratar de despertar...

  —dijo Rogert.

  —?Y qué pasará con Arthur?

  —preguntó Joseph.

  —No lo sé. Quizá este bien cuando lo

  hagamos.

  Aquellas palabras eran extra?as a los

  oídos de Joseph, sobre todo por estar saliendo de la boca de Rogert,

  quien era por mucho el más valiente de los tres. Joseph sintió que

  aquello sería equivalente a dejar que su amigo Arthur quedase a su

  suerte en una situación de peligro. Asumió que no podría hacer más

  si no sabía con exactitud a lo que se enfrentaba, por lo que decidió

  ignorar aquella faceta que le mostraba Rogert, y terminó por

  levantar la camiseta de su amigo que estaba tendido en el suelo.

  —?Qué demonios es eso? —preguntó

  al aire, mientras su mirada estaba fija en el pecho de Arthur.

  —Esto esta mal, viejo…

  La voz ahogada de Rogert no detuvo a

  Joseph de acercarse para mirar con más detalle lo que estaba

  revelando el pecho de Arthur. Quiso acercar su mano, estirando los

  dedos con sutileza hasta aquella anomalía, pero su sentido común lo

  obligó a detenerse, permitiéndole simplemente observar aquello que

  tenía frente a sí. Era un agujero, y no uno cualquiera. Aquel

  peque?o foso cambiaba de forma gracias a algo que salía de él.

  Esas peque?as hileras fluctuantes de algo parecido a un líquido que

  se mueve sin ser afectado por la gravedad, salía y entraba del

  agujero negruzco que no parecía tener fondo. Rogert dudó en

  acercarse a mirar, hasta que fue el mismo Joseph quien lo obligó a

  ver más de carca aquella anomalía. Le dijo que no podía

  simplemente despertar y dejar a Arthur en esa situación, sobre todo

  cuando él mismo había sido quien los incitó a ambos a seguir

  explorando aquel nuevo evento que atribuían a si mismos como una

  habilidad sobre humana.

  —No sé que podríamos hacer… Arthur

  parece estar dormido, y no sabemos cuál es la causa de esto.

  Joseph entendía que la incertidumbre

  que le mostraba Rogert era tan válida como el hecho de que no podían

  dejar a Arthur a su suerte. Con eso en mente, se obligó a sí mismo

  en primer lugar a permanecer en calma, y de esa manera tratar de

  pensar en una posible solución. Recordó la primera vez que pisaron

  aquella ciudad onírica, y como por accidente descubrieron que parte

  de su ser consciente era capaz de manipular las cosas. Quizá Arthur

  había logrado alterar parte del camino que recorrió, y eso podría

  darles la pista que necesitaban. Le propuso a Rogert dejar a Arthur

  en ese sitio, y juntos tratar de encontrar esas pistas que debían

  estar dispersas por ahí. La mirada de Rogert sacudió a Joseph, como

  si un golpe de realidad le hubiese impactado directo en el pecho.

  —?Estás demente, amigo? No podemos

  simplemente recorrer todo este lugar esperando encontrar algo que no

  sabemos si existe.

  Joseph con los ojos abiertos, se

  sorprendió al ver aquella explosión de enojo que su amigo le

  mostró. Le dio la razón, y fue entonces que decidió sentarse de

  nuevo junto a Arthur para tratar de pensar en una solución más

  lógica. Joseph notó que sus manos estaban tan tensas como los

  músculos de sus brazos. No se había dado cuenta de que aquellas

  sensaciones se sentían mucho más reales de lo que había percibido

  antes, y eso por sí solo le generó un halo de curiosidad propia de

  su personalidad. Estiró la mano derecha, extendiendo lo más posible

  cada dedo. Sintió un cosquilleo que pronto se convirtió en un

  calambre doloroso. No tanto como recordaba.

  —?Recuerdas haber sentido dolor en

  algún momento, Rogert?

  Rogert no se había percatado de la

  magnitud de aquellas palabras. Simplemente se detuvo para tratar de

  recordar como era el dolor en sí, y al no llegar a una conclusión

  lógica, levantó un poco la mano para impulsarla en forma de pu?o

  contra el suelo que estaba cubierto por un piso de madera reseca y

  vieja. Retrajo la mano con rapidez en cuanto el sonido del golpe se

  dejó escuchar. Joseph notó como Rogert arrugó la cara al momento

  de golpear el suelo, y eso le dio la respuesta que buscaba.

  —La primera vez nos tiramos por un

  acantilado, y no sentimos nada al llegar al fondo.

  —Lo recuerdo. Esto es algo nuevo…

  —susurró Rogert entre quejidos.

  Joseph argumentó que algo debía estar

  causando que sus cuerpos oníricos, por llamarlos de alguna forma,

  estaban siendo expuestos a aquellas sensaciones que eran propias de

  la realidad, y para él, aquel agujero en el pecho de Arthur era la

  clave para entender lo que estaba pasando. Rogert se rindió frente a

  la deducción de Joseph, y al quedarse viendo por un momento el

  cuerpo tendido de Arthur, supo que algo más podría estar pasando

  que estaban ignorando.

  Stolen from its rightful author, this tale is not meant to be on Amazon; report any sightings.

  —Creo que hay algo más que no estamos

  viendo, amigo.

  —?A qué te refieres? —le preguntó

  Joseph.

  Rogert no supo como explicarle a Joseph

  a lo que se estaba refiriendo, pues aquella sensación de incomodidad

  era algo que no alcanzaba a entender completamente como para poder

  explicársela a alguien más. Joseph notó la mirada de Rogert, que

  recorría el lugar como si buscase la respuesta a aquella incógnita.

  Joseph trató de calmar a su amigo, diciéndole que aquel sitio no

  tenía nada extra?o, y que incluso el mundo en el que estaban seguía

  siendo el mismo que habían visitado en momentos anteriores. Rogert

  trató de aceptar aquel pensamiento, y salvo por lo que había visto

  en su amigo Arthur, no tenía ningún otro motivo como para comenzar

  a dudar de lo que Joseph decía. Decidió no dejarse llevar por lo

  que su instinto le arrojaba, y lo mantuvo para sí mismo. Se levantó

  y comenzó a caminar hasta donde estaba el inicio de unas escaleras

  de madera que llevaban a un segundo piso. Al llegar al primer

  escalón, hizo reposar su mano sobre el barandal que también estaba

  hecho de madera, y que mostraba el mismo deterioro que había notado

  en el suelo.

  —Quizá arriba haya algo diferente…

  Sus palabras se vieron interrumpidas por

  su propio silencio que llegó de inmediato en cuanto vio lo que había

  al final de las escaleras, más arriba. Aquella visión hizo que su

  expresión fuese más rígida. Sus ojos abiertos, acompa?ados por

  una boca temblorosa que era ba?ada por el sudor que resbalaba sobre

  su piel, dibujaron la forma del miedo que había estado latente desde

  un principio en su interior. Joseph se levantó rápidamente y fue a

  paso rápido hasta donde estaba su amigo. Casi resbala al tratar de

  ponerse de pie, y una segunda vez, cuando al acercarse hasta donde

  estaba la escalera siguió con la intención de subir los escalones.

  Sin embargo, se detuvo de golpe cuando se dio cuenta de que la

  abertura no existía, y el techo continuo cerraba el segundo piso,

  dejando una escalera incompleta en aquella casa aparentemente vacía.

  —?Ya habíamos visto algo así?

  —preguntó Rogert, mientras retrocedía nervioso.

  —No deberíamos preocuparnos tanto.

  Debe haber alguna explicación.

  Joseph sabía que aquel mundo no era

  real, pero la visión casi calcada de la realidad misma de donde

  ellos provenían, le hizo sentir que quizá podría tratarse de una

  extensión de lo que era real, debido a la forma en que podían

  interactuar dentro de aquel sue?o. Recordó haber leído antes sobre

  los sue?os lúcidos, y como había pasado algunas noches

  investigando sobre como funcionaban las cosas dentro de lugares como

  aquella casa, y eso por si mismo le ayudó a calmar sus adentros

  cuando el nerviosismo comenzó a formarse en su pecho. Respiró

  profundo, y asumió que lo que estaba experimentando no era más que

  una forma incompleta de información que hacían romper el sue?o

  lúcido en sí.

  —Debemos mantenernos calmados, Rogert.

  Recuerda que esto es un sue?o.

  Rogert intentó creer en las palabras de

  su amigo, pero para él, aquello que estaba experimentando era tan

  real, que incluso al saber que había llegado hasta ahí después de

  haberse quedado dormido, no pudo hacer que su cuerpo creyese lo

  contrario. Joseph le dijo que debido a que se habían dado cuenta de

  que la estructura del mundo era irreal y fuera de toda norma, era

  cuestión de tiempo para que despertasen logrando salir de aquel

  lugar. Rogert asintió nervioso, mientras trataba de prestarle

  atención a Joseph, para convencerse a sí mismo de que todo estaría

  bien. Sin embargo, algo más estaba sucediendo dentro de aquella

  casa. Ellos lo intuían, pero buscaban constantemente la manera de

  hacerse creer que nada más sucedería.

  —Tenemos que hacer algo con Arthur

  —dijo Joseph.

  —Voy a tratar de despertarlo…

  Las palabras nerviosas de Rogert

  alertaron a Joseph. él nunca había visto a su amigo tan fuera de si

  como en ese momento, lo que le estaba causando una enorme

  incomodidad. Lo dejó acercarse hasta el cuerpo de Arthur, quien aun

  se movía de forma errática mientras estaba tendido en el suelo.

  Aquellas expresiones propias de alguien quien duerme experimentando

  una pesadilla, fueron suficientes como para hacer que los otros dos

  presentes no supiesen que hacer al respecto. Rogert se dejó caer de

  rodillas en el suelo, y pese al dolor que sintió, no hizo ningún

  gesto que lo delatase. Colocó las manos en los hombros de Arthur y

  comenzó a moverlo. Joseph miraba con expectación la escena y se

  mantuvo alejado muy cerca de la escalera.

  —?Por qué no estamos despiertos?…

  —se preguntó a sí mismo.

  Aquella pregunta era tan válida como la

  tensión que se apoderaba de su cuerpo. Por debajo, sin que Rogert lo

  notase, los movimientos de los dedos en la mano de Joseph reflejaban

  la inseguridad que aquella experiencia le estaba otorgando. Como

  podía, hundía las u?as en sus propios dedos para arrancarles

  carne, causando que algunas gotas de sangre se derramaran para

  impactar contra el suelo de madera. Joseph notó aquello como si

  fuese algo antinatural, y realmente lo era. Al menos en aquel mundo.

  Cuando levantó la mano para observar sus dedos, se dio cuenta de que

  estaban impregnados con un poco de su propia sangre, y eso lo alarmó.

  Arthur estaba sentado, siendo sostenido

  por Rogert mientras se movía de forma sutil como si siguiese dormido

  profundamente. Joseph se dio cuenta de que la expresión de Rogert

  cambió a una de sorpresa, llena de una confusión tal que no pudo

  hacer otra cosa más que quedarse pasmado por un momento ante lo que

  estaba experimentando. Arthur dijo algo. Emitió un sonido tan bajo

  que Rogert no tuvo otra opción más que acercar su oreja hasta la

  boca de su amigo. Ahí escuchó algo que Joseph quiso saber, pero

  cuando intentó acercarse para tratar de ser parte de aquello que

  estaba pasando, Rogert lo miró con terror, gritando que no se

  acercase. Joseph se detuvo en seco, y con los ojos abiertos de par en

  par, abrió la boca para preguntar por qué.

  —?No vengas, Joseph! —exclamó

  Rogert.

  —?Qué sucede? —preguntó Joseph.

  —Tienes que irte de aquí…

  Joseph no pudo moverse como quería

  hasta donde estaban sus amigos. Su cuerpo se paralizó al ver la

  expresión que Rogert mantuvo hasta el último momento. Notó como

  Arthur movió la cabeza de forma sutil, hacia un lado, atrayendo a

  Rogert hacía sí, para atraparlo en un abrazo que no tenía ningún

  sentido. Joseph levantó el pie derecho, con la intención de dar un

  paso hacia donde estaba aquellos, Rogert lo detuvo nuevamente con una

  advertencia que sacudió mucho más su cabeza. Le dijo que aquel no

  era el Arthur que conocían, y que si se acercaba más, correría con

  la misma suerte que estaba a punto de atraparlo. Joseph desistió del

  todo cuando notó que el rostro de Arthur se deformó, al tiempo que

  su cabeza comenzó a torcerse para poder míralo de frente. El

  crujido de los huesos en el cuello de su amigo causaron que en su

  cuerpo hubiesen sobresaltos, y nuevamente su pie derecho estuvo

  pisando el suelo sin acercarse lo más mínimo.

  —Ven con nosotros, Joseph… —dijo

  Arthur, con una voz más gruesa y descolocada.

  Joseph tragó saliva, mientras su

  respiración acelerada se entrecortaba por momentos. Sintió que en

  sus manos la humedad se estaba haciendo mucho más presente, y sin

  poder moverse, aquel dolor agudo y suave que tensiona el cuerpo lo

  invadió impidiéndole moverse con libertad. Se quedó quieto

  observando el rostro de aquellos dos de forma intermitente. Notó que

  el de Rogert tenía gestos extra?os, mientras que el de Arthur se

  hacía más tétrico y oscuro. Escuchó un quejido, y con él, como

  algunos huesos se quebraban, haciendo un sonido parecido al de ramas

  secas siendo aplastadas, que llegó hasta sus oídos. En el rostro de

  Rogert, los ojos se desorbitaron, mientras que de su boca, nariz y

  orejas salía un líquido rojizo oscuro que tendía a un color negro.

  —Rogert…

  Joseph sintió como un golpe fuerte le

  dio directo en el pecho, no producto de algo, sino del mismo terror

  que comenzaba a llenar sus adentros de forma imparable. Un grito

  ensordecedor llegó hasta él sacándolo de su parálisis. Era

  Arthur, o lo que fuera que estuviese dentro de él. Le dijo que fuese

  hasta donde estaban ellos. Joseph lo ignoró, y al darse cuenta de la

  puerta por la que habían entrado antes, corrió mientras gritaba

  desesperado dando algunos saltos. Alcanzó el pomo y lo hizo girar

  tan rápido como pudo. Falló en el primer intento. Escuchó que la

  madera detrás de él comenzó a crujir, como si alguien se estuviese

  acercando. Un segundo intento le permitió abrir la puerta. Del otro

  lado, un pasillo oscuro como el de un hospital lo esperaba. No tuvo

  opción. Atravesó la puerta cerrándola al instante tras de sí.

  Escuchó un golpe seco, que lo obligó a cubrirse la cabeza con las

  manos, dejándose llevar por el instinto, y cuando se dio vuelta, la

  puerta ya no estaba.

  —?Qué está pasando? —se preguntó

  entre sollozos.

  Al verse solo en aquel pasillo oscuro,

  notó que las paredes y elementos que la adornaban estaban bastante

  desgastados. La pintura vieja de aquel lugar se caía a pedazos,

  revelando una estructura que parecía haber sido construida mucho

  tiempo atrás. Joseph se dio cuenta de que aquel sitio se parecía a

  uno que había visto antes. Se miró las manos, que aun le temblaban,

  siendo consumidas por su propio sudor, y como en uno de sus dedos

  seguía presente un poco de la sangre que antes había salido. Trató

  de limpiarse las manos, frotándolas entre sus ropas.

  —Tengo que salir de aquí… —susurró.

  Comenzó a caminar lentamente,

  atravesando el pasillo mientras la luz de la luna se colaba a través

  de un par de ventanas en la pared de la derecha. Se acercó hasta el

  marco de una de ellas, y afuera no había nada que pudiese reconocer.

  Aquel sitio estaba rodeado por un intenso bosque que estaba siendo

  revelado de forma parcial gracias al reflejo de la luna. Al final, no

  tuvo más remedio que seguir caminando con cuidado para tratar de

  alcanzar la puerta doble que lo esperaba del otro lado del pasillo.

  Ahí, tuvo que empujar ambas puertas para poder abrirlas, revelando

  del otro lado un salón más grande donde algunas lámparas de

  aspecto antiguo se mantenían encendidas. Era una especie de

  recepción. El corazón de Joseph seguía latiendo con mucha fuerza

  mientras se acercaba hasta una silla que lo invitaba a descansar. Se

  acercó, y antes de sentarse palpó el cojín, que estaba

  sorprendentemente suave. Sacudió el polvo que había en la

  superficie, y se sentó. Mientras miraba a su alrededor, comenzó a

  dejar salir las lágrimas que había estado tratando de contener. No

  había ningún pensamiento que pudiese llegar a su cabeza en ese

  momento para tratar de explicar la situación. Decidió permanecer un

  rato allí en aquel sitio que parecía seguro, y mientras su cuerpo

  recuperaba algo de aliento, en su cabeza seguía preguntándose por

  qué no había despertado de aquel sue?o.

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