La sentencia con la que la oscuridad
arropa a las almas que vagan en busca de calor, no podría ser más
cierta. En segundos, el corazón de un hombre puede detenerse con el
simple hecho de dejarse atrapar por el miedo. Es entonces cuando las
sombras cubren su alma, y la devoran vorazmente por toda la
eternidad.
Joseph se encontraba sentado en el sofá
favorito de su madre, esperando a que le llamara para comer. Eran
casi las seis de la tarde, y por primera vez en el cielo de Caracas
se dejaba ver una franja color verde en el oscuro cielo.
—?Joseph! —gritó la se?ora
Harris—. La cena está servida.
Como jalado por cuerdas invisibles,
Joseph caminó hasta el comedor haciendo caso omiso a la pregunta que
su hermana mayor le hacía. No fue sin más, que esta lo tomó por un
brazo y lo hizo girar hasta quedar frente a ella.
—?Acaso estás sordo? —preguntó
Marian algo enfadada.
—No te escuché. ?Qué decías?
—Resulta que ma?ana saldré con mis
amigos, y Annette irá también.
—?Y en qué me afecta? —preguntó
Joseph fríamente.
—?Es qué eres idiota? ?Si se nota a
leguas que le encantas! Deberías venir con nosotros.
—Eso no suena muy interesante
—proclamó—. No soy ese tipo de chico…
—Al menos piénsalo. Ella se alegraría
mucho, y tú por fin tendrías novia.
—De acuerdo, lo pensaré.
Como soldados a las palabras de un
general, Marian y Joseph arribaron rápidamente al comedor con el
segundo llamado de la se?ora Harris. Y no era para menos tanta
insistencia, después de todo, deseaba celebrar al terminar de comer
el ascenso del se?or Harris, a su nuevo puesto de trabajo como jefe
de la división de tecnología de la empresa, Dreams for Reality, un
lugar donde el lema era: hacer sue?os más grandes que la realidad.
Al terminar la cena, el padre de Joseph
se aventuraba a tomar otra copa de champagne de manzana. Hacía un
largo tiempo que no bebía con su familia reunida a la mesa. La
se?ora Harris por su parte, intentaba sacarle información a Marian
sobre sus calificaciones en la universidad.
—No deberías tomar tan a la ligera
tus estudios, Marian. Incluso algún día podrías estar en un puesto
tan importante como el que tu padre tiene ahora.
—?Ya basta, mamá! Deberías confiar
más en mi esfuerzo. Sé que no soy una gran fanática de los libros,
pero hago lo mejor que puedo.
—Papá —dijo Joseph, interrumpiendo
la conversación que su madre mantenía con Marian—. ?Tienes idea
de que significa esa extra?a franja verde en el cielo?
—No te preocupes por eso, Joseph
—respondió carente de entusiasmo—. Es solo un evento pasajero.
—?Qué quieres decir? —preguntó
Joseph, con un halo de curiosidad.
—Eso significa que no hay que darle
importancia, ?no es así cari?o? —terminó diciendo la se?ora
Harris, viendo directamente a su esposo en busca de apoyo.
—Verás, Joseph —dijo el se?or
Harris—, en el último siglo han aparecido una gran cantidad de
eventos naturales que escapan del entendimiento. En Dreams for
Reality, mi equipo y yo nos esforzamos por comprender muchos de esos
fenómenos, y hallar la forma de aplicarlos en nuestra sociedad. Esa
franja verde no representa ninguna amenaza. Confía en mí, hijo.
A pesar de las convincentes palabras del
se?or Harris, en el fondo Joseph sabía que había algo más que un
simple fenómeno, o evento natural. él sentía que esa era una se?al
de algo más grande, que su padre conocía, pero que se negaba a
compartir con él.
Cinco minutos más tarde, Marian tomó
su abrigo y se despidió de sus padres, no sin antes tener una ri?a
con la se?ora Harris por salir de noche a recorrer la ciudad. Por
otro lado, el se?or Harris no tuvo ninguna objeción, sólo le
advirtió que fuera precavida. Joseph por su parte se fue a su
habitación. Al llegar se deshizo de su camiseta, y se recostó sobre
la cama con el celular en la mano. No paraba de mirar páginas sobre
conspiraciones y ataques terroristas.
—?Hola! —dijo una voz eléctrica,
que escuchó Joseph al contestar el teléfono.
—?Qué quieres, Rogert? Es tarde.
—Amigo tienes que escuchar esto...
—Joseph sentía deseos de solo colgar la llamada y tomar el
teléfono con fuerza para lanzarlo lejos, pero aquello que comenzó a
decirle Rogert llamó tremendamente su atención—. La franja verde
del cielo no es natural.
—?A qué te refieres? —Preguntó
Joseph con la garganta seca.
—Tengo un conocido dentro de Dreams
for Reality...
—?La empresa de papá! —lo
interrumpió.
—?Así es, Joseph! ?Recuerdas que
descubrimos que emitía un campo magnético leve?
—Sí, lo recuerdo. ?Eso qué importa?
—Tranquilo. Arthur logró rastrear el
origen de ese campo magnético. ?Y qué crees? Viene de allá, de
Dreams for Reality. ?Es una locura amigo!
—Arthur lo consiguió… —susurró
Joseph—. ?Qué se supone que hagamos ahora?
—Hay que entrar y ver qué ocurre ahí
dentro. La persona que conozco que trabaja ahí, me informo del día
que debemos ingresar. No habrá nadie.
—?Estás loco? No podemos simplemente
entrar ahí y ver qué es lo que hacen. Nos meteremos en un aprieto
enorme si nos descubren —dijo Joseph muy alterado.
—?Ya olvidaste lo que Arthur, tú y
yo podemos hacer?
Esas palabras hicieron retumbar los
oídos de Joseph por un instante. Sabía que estaba mal allanar un
edificio, y más por tratarse de una empresa tan relevante para la
ciudad, y encima, el lugar de trabajo de su padre. Sin embargo, la
sed de respuestas le abrumaba de tal forma, que no tuvo más elección
que aceptar el plan de Rogert sin objetar.
—?Cuándo entraremos?
—?Esa es la actitud que me gusta,
amigo! Sera en dos días, a media noche. Te llamaré dos horas antes.
—Entiendo. Adiós.
Luego de terminar la llamada, Joseph se
acercó a la ventana de su habitación, y observó por un instante la
franja verde que cubría parte del cielo. No entendía la razón de
su existencia. Pero aquella llamada había abierto una brecha en su
curiosidad que no descansaría hasta satisfacer por completo.
A la ma?ana siguiente, Marian se
preparaba apresuradamente para salir con sus amigos mientras Joseph
apenas despertaba dando tumbos en la cama. La se?ora Harris
preparaba el desayuno al mismo tiempo que en el televisor de la sala
estaba puesto el canal de las noticias. El reportero hablaba sobre la
franja verde que llevaba días mostrándose en el cielo. Joseph no
pudo evitar sentirse atraído al escuchar al hombre de traje en la
pantalla, hacer unas entrevistas a algunos transeúntes al tiempo que
bajaba las escaleras. Corrió hasta la sala y se puso frente al
televisor subiéndole el volumen mucho más de lo normal.
—Esta ma?ana para las noticias de las
seis, hemos realizado una serie de entrevistas a algunos transeúntes.
Como pueden ver en sus pantallas, la franja verde que apareció
misteriosamente hace varios días no deja de asombrarnos, y
curiosamente se encuentra por debajo, el edificio de una de las
compa?ías más emblemáticas en cuanto a tecnología de éste
tiempo: Dreams for Reality.
—?No olviden venir a desayunar antes
de irse! —exclamó la se?ora Harris.
—?Antes de irnos?... —se preguntó
Joseph en un susurro.
—No olvides nuestros planes hermanito
—dijo Marian pasando por un lado de Joseph—. Annette te espera
ansiosa.
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La sonrisa de Marian era algo que en
muchas ocasiones Joseph terminaba odiando. Sin embargo, él sabía
que su hermana solo buscaba que su vida fuese un poco más
interesante y llena de emociones amorosas, aunque él no compartía
el mismo concepto de emociones que Marian.
—Si, lo sé —dijo Joseph prestando
atención de nuevo al televisor—. Estaré listo en un minuto…
Marian se dirigió a la cocina haciendo
caso omiso de lo que ocurría en la televisión. Jaló una silla y se
sentó muy inquieta esperando a que pudiese salir a tiempo de la casa
para no hacer esperar a sus amigos. Tomó un pan tostado y lo untó
de mermelada de fresa. Su favorita. Le dio un par de mordidas y se
enfocó en el periódico, que se disponía a ser leído, sobre la
mesa. Su madre estaba inspirada preparando un poco de juego de
naranja.
—Oye, mamá, ?dónde está papá?
—Dijo que tenía una reunión muy
importante, por eso se fue temprano hoy —contestó la se?ora
Harris sin perder la concentración.
—?Diablos! Se supone que iba a
llevarnos. ?Puedes prestarme tu auto mamá?
—Lo siento, debo ir de compras. No
puedes llevártelo.
—?Por qué tiene que ser hoy?
—preguntó Marian con el rostro decaído—. No lo romperé lo
prometo.
—Puedo llevarlos, y es todo.
—Está bien, mamá.
El volumen del televisor podía inundar
la cocina, pero aun así, Marian y la se?ora Harris no tenían la
intención de dedicar un poco de su atención a lo que Joseph veía
con tanta disposición. Las entrevistas que el reportero del canal de
noticias había hecho a los transeúntes, no le suponían ninguna
sorpresa a Joseph. Por el contrario, su curiosidad crecía con mayor
fuerza y en su mente comenzaba a rondar la llamada que Rogert le
había hecho la noche anterior.
—?Qué opina usted sobre lo que se
dice de la franja que apareció en el cielo? —preguntó el
reportero a una mujer.
—No es normal —dijo ella en un tono
alarmado—. Hemos hecho demasiado da?o al ambiente, y apenas
comenzaremos a pagar por lo que hemos causado. No me extra?aría que
se formase una tormenta a raíz de esa franja o algo mucho peor.
—?Cree qué la empresa Dreams for
Reality tiene algo que ver con esa franja?
—?No me extra?aría! —exclamó muy
segura—. Desde que inauguraron el edificio, las personas murmuran
que hacen experimentos muy extra?os ahí dentro, pero si de algo
estoy segura, es que en nombre del progreso ellos harían cualquier
cosa. Incluso prescindir de nuestro mundo…”
Marian había apagado el televisor desde
la cocina con el control remoto que le había quitado a Joseph, sin
que éste lo notara. El rostro de Joseph mostraba incredulidad y
desconcierto, pero no era nada en comparación con el rostro de
Marian, que le decía que dejase de perder el tiempo.
—?Me harás enfadar si llego tarde
por tu culpa! —soltó Marian con la mirada fija en Joseph.
—Llegaremos a tiempo, no te alteres
—fue todo lo que Joseph dijo antes de levantarse y salir de la
sala.
Media hora más tarde Marian y Joseph ya
se encontraban listos para emprender la marcha. El desconcierto en el
rostro de Marian era evidente cada vez que Joseph se arreglaba para
salir. Cómo podía tardar tan poco tiempo, era la pregunta que
rondaba su cabeza. Mientras que a ella le tomaba más de una hora
hacer todo lo necesario para verse bien, a él solo le tomaba media
hora para estar listo. En su mente solo suponía que esa debía ser
la diferencia entre los chicos y las chicas.
Mientras que Marian mostraba su
impaciencia de manera desbordada, Joseph permanecía tranquilo. Su
cara de aburrimiento hacía que su hermana y su madre se inquietasen
sobremanera. Una vez todos en el auto, la se?ora Harris puso en
marcha el motor. En pocos segundos ya se encontraban camino al lugar
de encuentro.
—Parece que si podremos llegar a
tiempo —dijo Marian.
—Te lo dije.
—No pueden llegar tarde a casa.
Recuerden que esta ciudad es muy peligrosa de noche —dijo la se?ora
Harris.
—Lo sabemos, mamá. Llegaremos
temprano —fue todo lo que dijo Marian.
No era para menos la preocupación de
Carolina Harris con respecto a la inseguridad de Caracas. Todos los
días en las noticias, ella misma era testigo de las atrocidades que
la noche traía consigo en aquella ciudad, además de su propia
experiencia en algunas ocasiones lidiando con eventos poco amigables.
La lucha cotidiana que mantenía con Félix Harris, su esposo, para
salir de Venezuela de una vez por todas, siempre terminaba en un
discurso por parte del se?or Harris sobre lo bien que le iba a su
compa?ía y lo difícil que sería iniciar de cero en otra nación.
Ella lo entendía, pero le preocupaba más la seguridad de sus hijos
al salir de casa, que el dinero que tenía el se?or Harris en su
cuenta personal gracias a su nueva compa?ía.
—Gracias por traernos, mamá.
—No es nada, hija. ?Joseph! —exclamó
mirando fijamente la espalda del chico—. Cuida de tu hermana. No la
dejes sola.
—Lo sé, mamá. Estaremos en casa
antes de que lo notes.
La se?ora Harris se alejó en su auto
lentamente enfocando la mirada en sus hijos a través del retrovisor.
Joseph se mantenía detrás de Marian, y a pesar de haber llegado
juntos, parecían unos completos desconocidos. La única razón por
la que Joseph había decidido salir con Marian ese día, radicaba en
el aburrimiento que le provocaba estar en casa todo el día sin hacer
nada. Incluso cuando Rogert lo llamaba desesperadamente, se sentía
más tranquilo.
Transcurrió la tarde y los chicos aún
estaban en el centro comercial. Lo noche se avecinaba y Joseph sabía
que su madre comenzaría a llamarlo al celular en cualquier momento.
Lo sacó del bolsillo y sin pensarlo dos veces lo apagó. Marian
estaba muy entretenida con sus amigos, tanto que no notó el paso del
tiempo y siguió comiendo su helado mientras reía.
El rostro de Annette era pálido. Joseph
no lo notaba, pero desde que llegó la chica no dejaba de mirarlo.
Sus mejillas se volvían a un color rosado cuando cruzaba miradas con
él, y sus ojos no hacían más que delatar el interés que este le
causaba. Marian lo había notado, por lo que se las arregló para que
estuviesen un momento a solas. Quizás podría suceder algo bueno,
pensaba.
—Marian me dijo que te gusta observar
esa extra?a franja en el cielo –dijo la chica.
—Sí, es interesante —fue todo lo
que Joseph dijo.
—Dicen que hay algo especial en ella.
Como si fuese mágica.
Joseph no se daba cuenta, pero estaba
claro que Annette buscaba llamar su atención. Ella solo sabía
algunas cosas de la franja verde gracias a lo que Marian le contaba.
Y lo que había dicho era más que suficiente para llamar la atención
de Joseph.
—?Sabes algo de esa franja?
—No, bueno… Yo creo que hay algo
especial en ella… —las manos de Annette sudaban y su rostro cada
vez se ponía más rojo.
—Yo he pensado lo mismo –dijo Joseph
frotándose la barbilla—. Desde que apareció algo muy extra?o
comenzó a pasarme… quiero decir, que las personas comenzaron a
hacer un alboroto innecesario.
Cada vez que Joseph hablaba sobre la
franja verde, no podía evitar mostrar su gran interés por el tema.
Su respiración se hacía más agitada y su mirada más profunda.
Nunca se había comportado así al hablar de otro tema que le llamase
la atención, pero desde que apareció la franja verde en el cielo,
todo había cambiado en él.
—Yo también lo he notado. Muchas
personas solo hablan sobre eso. Es extra?o…
—Siento interrumpirlos chicos —era
la voz de Marian—. Debemos irnos, Joseph, mamá me ha estado
llamando. Se volverá loca si no volvemos pronto a casa.
—De acuerdo —respondió Joseph sin
ánimo.
Joseph se apresuró a entrar a la casa
cuando llegaron, buscando la forma de evadir a su madre quien estaba
sentada en el sofá. Marian no pudo evitar sorprenderse al verla, lo
cual le permitió a Joseph escapar a su habitación para evitar ser
increpado. Mientras subía las escaleras, escuchó los reclamos de su
madre, y la forma traicionera en la que Marian lo culpaba por haberse
retrasado en volver. Cuando llegó a su habitación, entró sin
quedarse a esperar a que su madre lo llamase. Cerró la puerta con
tanta precisión que el sonido al chocar con el marco fue casi
imperceptible. Joseph se tumbó en la cama, y observo a través del
cristal de la ventana que había en su habitación, como algunos
destellos de luz verdosa proveniente de la franja llegaban hasta él.
—Esa traidora… —susurró,
refiriéndose a su hermana.
El sue?o comenzó a hacerse presente en
sus adentros, mientras en su mente no paraba de crecer la
incertidumbre que le había generado el plan de Rogert. Joseph sabía
lo arriesgado que aquello podría resultar, pero la oportunidad de
descubrir lo que estaba ocurriendo con aquella franja era algo que no
podía permitirse pasar por alto, y con eso, tenía una buena pizca
de esperanza de lograr descubrir la razón de lo que estaba pasando
con él y sus amigos. Sintió como los párpados comenzaron a
volverse más pesados, cubriendo sus ojos en varias ocasiones
impidiendo que pudiese seguir viendo los destellos de luz. Tomó por
instinto la cobija que estaba a su lado, y se cubrió hasta donde
pudo. En ese momento, sus ojos se cerraron de forma brusca, causando
que en su cabeza se produjese un zumbido acompa?ado por una punzada
aguda que reconocía bien, y que no duraba más que un par de
segundos. Abrió los ojos, y supo que aquello lo había afectado de
nuevo, al igual que los últimos cuatro días.
—Otra vez… —susurró.
—Llegas tarde, Joseph.
—Me sorprende que últimamente estés
durmiendo desde más temprano, Rogert.
—Bueno, esto lo vale, amigo.
Aquellos dos se conocían bien. Joseph
había notado que desde que comenzaron a experimentar aquel extra?o
fenómeno, Rogert no dejaba escapar la oportunidad de dormirse en
cuanto su cuerpo sentía sue?o. Lo miró de frente y le sorprendió
notar como todas sus facciones y características eran exactamente
las mismas que en la realidad. Incluso la ropa que llevaba puesta,
era por mucho lo que más se acercaba a lo que conocía de su amigo.
—Deberías hacer algo con esa camiseta
rota —dijo Joseph, se?alando un agujero en la camiseta de Rogert.
—No te preocupes, me gusta ser el
mismo incluso en este mundo.
—?Alguien más sabe que podemos hacer
esto? —le preguntó Joseph con curiosidad.
—Además de Arthur, no —dijo Rogert
tratando de hacer memoria—. Creo que si tratase de explicarle esto
a mis padres los volvería locos.
—Te entiendo, amigo. Yo tampoco le he
dicho a nadie.
Una corriente de aire comenzó a
golpearlos con suavidad mientras conversaban. Joseph se dio cuenta de
que algo extra?o estaba sucediendo, como si aquel viento hubiese
cargado consigo algo más que el frio que les hizo erizar la piel.
Rogert fue el primero en darse cuenta de que en la distancia había
una silueta extra?amente familiar, acercándose a paso lento sobre
el camino de tierra en el que estaban parados. Le pareció familiar,
sobre todo por la forma de aquel que se aproximaba.
—Creo que es Arthur… —dijo Rogert
por lo bajo.
Notaron que la silueta se desplomó
antes de poder acercarse más, y fue en ese instante que
reaccionaron. En sus mentes aquel podría tratarse de su amigo
Arthur, por lo que no perdieron tiempo para ir hasta donde estaba el
due?o de la silueta. Al estar más cerca, aquella punzada
reconocible que aparecía en el pecho de Joseph se hizo presente. En
su mirada se notó el impacto cuando pudo detallar el estado de
Arthur, quien no podía hacer otra cosa más que respirar con
dificultad mientras permanecía tendido en el suelo.

