Capítulo 4: Una promesa rota y un nuevo camino (Parte 1)
Salí aquella tarde con la intención de comprarle un regalo a Luneth. Quería decirle lo que sentía, expresarle con un detalle que la amaba, y que ella lo supiera de verdad. Mientras caminaba por las calles del mercado, mis pensamientos se cruzaban con una extra?a sensación de sorpresa: me encontré un billete de plata tirado en el suelo. Recordé que el día anterior Luneth me había ense?ado sobre el dinero, los valores y la moneda universal: el Moindem. Ella me explicó cómo los billetes y monedas de distintos materiales —bronce, hierro, plata, oro y platino— representaban diferentes valores, y cómo desde la plata en adelante existían billetes que equivalían a diez monedas de su mismo metal, con sistemas de autenticidad para evitar falsificaciones. Todo esto, me dijo, regía entre los distintos reinos.
Mientras caminaba, mis recuerdos se llenaban de lo que Luneth me había contado sobre las divinidades: hace tres a?os llegaron los ángeles y Arcángeles, se aliaron con los humanos y establecieron su influencia sobre otras razas: enanos, semi-humanos, elfos, humanos, demonios… y los auraliz, ya extintos, que alguna vez fueron poderosos y que desaparecieron con la llegada de los divinos. Luneth no me había dicho por qué. Yo solo sabía que, en ese momento, quería concentrarme en el regalo.
Unauthorized content usage: if you discover this narrative on Amazon, report the violation.
Encontré un collar con forma de luna, incrustado con diamantes. Aunque el vendedor dudó de su autenticidad, logré conseguirlo a un precio increíble: cinco monedas de plata, cuando su valor real era de treinta y cinco. Con las monedas restantes, compré una bufanda elegante. Con todo listo, me dirigí a mi hogar, emocionado por el momento de entregárselo.
Pero al abrir la puerta, una sensación de terror me atravesó: algo me había sido arrebatado. Mi corazón se detuvo. Antes de entrar, vi una carta en el suelo y la guardé en mi bolsillo. Abrí la puerta con cuidado y lo que vi me destrozó: la espada de Luneth estaba tirada cerca de la puerta, y más allá, mi maestra y amiga yacía en el suelo, rodeada de sangre. Frente a ella, un ángel se mantenía erguido, sereno y frío, responsable de aquel acto. Mi primera reacción fue querer correr hacia ella, pero comprendí que no podía hacer nada. Tomé su espada y escapé, las lágrimas cayendo sin control, sin rumbo, sin saber a dónde ir.
Corrí kilómetros hasta detenerme en un callejón. Sentado en el frío suelo, abrí la carta y leí sus palabras:
"Cuando llegue mi querido Aelix, le daré esta espada y le diré cuánto lo amo. Después de todo, estos sentimientos son lo que nunca esperé sentir."
Un grito agonizante escapó de mi garganta, acompa?ado de lágrimas. Esa noche pasé en aquel callejón, intentando respirar entre sollozos, sintiendo un frío que parecía capaz de congelar el alma.
hay muchos clichés?, sienten floja la historia?, le falta profundización a Aelix? (Cap 4)

