Capítulo 2
El sol apenas se levantaba sobre la propiedad, iluminando la tierra del amo corrupto. Aelix, ya de 12 a?os, estaba ocupado realizando labores pendientes, justo al lado de Elyra, ya de 17 a?os y a un mes de cumplir 18, pero fuera de su vista. Cada movimiento suyo estaba calculado: su mente de estratega no podía permitirse errores.
Un a?o antes Aelix se dio cuenta que las armas se veían más raras como con un tono oscuro o tenebroso y con un aspecto bastante peculiar pero no podía preguntarle a nadie porque después de todo su único rol era ser un esclavo obediente entonces no sospecho nada de eso.
Elyra, cumpliendo con sus tareas como sirvienta, no sospechaba el peligro que se acercaba.
Tres guardias se acercaron con malas intenciones, rodeando a Elyra. Querían “saborearla” antes de que el amo lo hiciera, subestimando que Aelix estaba cerca aunque no a plena vista.
él reaccionó de inmediato, corriendo hacia ellos con cada pensamiento concentrado en proteger a su hermana mayor a cualquier costo. Su miedo existía, pero su rostro permaneció determinado; mostrar debilidad podía ser fatal.
Aelix se lanzó al combate. Cada golpe estaba pensado, cada movimiento estratégicamente calculado. A pesar de estar solo contra tres hombres experimentados, logró dejarlos malheridos y mantener a Elyra a salvo, aunque no completamente fuera de peligro y el noto en su batalla que los guardias se movían más rápido y que su emanaban un aura que lo congelaba y el empezó a sospechar que esas armas eran algo más que simples armas con aspecto peculiar.
El cuarto guardia apareció entonces: no quería matarlo, pero sí someterlo para un oscuro plan que estaría poniendo en marcha para un futuro muy lejano, Aelix fue encerrado en una celda espaciosa pero llena de dolor,sangre y polvo. consciente de que salvo a Elyra sintió paz pero después recordó que… no siempre podría estar ahí para defenderla y cada de los siguientes días Aelix se sintió más impotente porque si le pasaba a Elyra algo en esos momentos él no sería capaz de hacer nada ya que no podía defenderla porque estaba capturado y torturado entonces cada día se volvió un recordatorio constante de que si él no estaba cerca de ella, ella peligraba pero él todavía tenía un poco de fe de que si algún Dios existía protegería al menos el alma pura de su hermana.
Durante un mes o exactamente alrededor de 29 días, Aelix fue torturado sin descanso por ese Guardia, tanto mental como físicamente y privandolo del sue?o,agua y de la comida sin matarlo dejándolo en un Estado deplorable y sin algún descanso pero dejándolo conciente, encadenado a 3 cadenas: una en el cuello y una en cada brazo y Cada día para Aelix era la definición de un infierno de 4 paredes, aquel hombre le recordaba que sólo era un preadolescente sin alguna capacidad o magia, Aelix siempre lloraba cuando nadie estaba cerca mirandolo cuenta.
Una noche antes de que Elyra cumpliera 18 a?os, Aelix escuchó una conversación de los tres guardias mientras creía que no había nadie cerca:
“Qué mal que el amo vaya a ser el primero en saborearla ma?ana, pero al menos nosotros seremos los siguientes.”
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Aelix queda helado al escuchar eso y apenas escucha que se van. A el ya no le importa su dolor, se desgarra sus brazos y su cuello dejando marcas tratando de escapar, logrando liberarse de las cadenas con persistencia y aunque desgastado y débil él va a defender a su hermana a cualquier costo, Luego rompe los barrotes de metal dejando marcas en sus nudillos y coge dos para ir a defender a su hermana mayor a cualquier costo y aunque con los pu?os llenos de moretones el no se podía permitir dejarse llevar del dolor o desgaste fisico.
Aelix llega a un lugar donde desprende un olor a afrodisíaco y se encuentra al amo intentando someter a Elyra. Aelix rápidamente, apenas lo ve, le clava uno de los barrotes en la cabeza, matándolo y recogio su arma de la cabeza, Aelix sabe que no puede hacer nada y presiente lo peor.
Justo cuando los guardias se dieron cuenta, Aelix le dice a Elyra que se vaya y escape; él se quedará para que los guardias no la alcancen aunque el desgastado y somnoliento él lo hará todo por su hermana. Elyra se despide de él creyendo que no se volverían a ver, con lágrimas entre sus ojos, y se va a un lugar lejano en una monta?a donde puede ver la batalla sin ser capturada, para conservar esperanza de algún día volver a ver a su hermano menor.
Aelix se enfrenta con seis guardias fuertes y aunque cerca del colapso logra aguantar varios golpes mientras los va eliminando uno a uno, pero llega un punto donde cada vez más llegan para someterlo y capturarlo. él todavía, con sus dos barrotes, trata de desviarlos de Elyra, llevándolos a la salida para que crean que va a escapar; si funciona el plan, tal vez él pueda escapar pero él se queda extra?ado porque cada vez que muere un Guardia su arma se tornaba con un aspecto diferente y sólo con verla se sentía un gran poder y una tentación por usarlas.
La batalla se intensifica y gran parte de las tierras queda da?ada. Cuando Aelix llega cerca de la salida, se da cuenta que al frente está una mujer con aspecto intimidante.
Finalmente se rinde ya que su cuerpo ya llegó a su límite y aunque él no haya podido escapar cumplió su objetivo y con una sonrisa afronta su destino, pero resulta que ella es una funcionaria bastante importante del Gobierno la cual vino a investigar al due?o de aquellas tierras por sospechas de unas armas malditas.
Narrador: Hablemos un poco desde la perspectiva de esa mujer para entender un poco más la historia
La noche estaba quieta.
Solo el viento movía el polvo de aquel camino olvidado, y el silencio era tan pesado que hasta mis pasos parecían gritar.
Solo debía confirmar los rumores de un nuevo lugar que transportaba armas malditas, forjadas para desgastar la vitalidad de su portador ofreciéndole poder pero ese poder era a costa de su vitalidad y mientras más portadores haya tenido esas armas más poder brindara pero más fácil te volverá polvo.
Entré sola. No era una misión del todo oficial, y tampoco debía dejar rastros.
El lugar olía a sangre seca, dolor pero también olía a determinación
Y entonces lo vi.
Un muchacho arrodillado cerca de la entrada, jadeando, la piel marcada por golpes y heridas que ya no sangraban, solo respiraban dolor.
Sus manos sostenían dos barrotes desgastados… y aún así los apretaba como si fueran una espada, no tenía capacidad, fuerza, magia pero lo único que si tenía era una convicción inquebrantable.
Podría haber caído hacía rato.
Cualquier persona lo habría hecho.
Pero no él.
Su cuerpo temblaba, vencido, pero había algo en su mirada… no, en su alma.
Una chispa que no podía extinguirse, por más que la oscuridad la rodeara.
Era la mirada de un soldado. De uno que ya había decidido morir peleando.
Y lo entendí.
No luchaba por escapar.
Luchaba por convicción y demostrar que aunque el mundo lo derrumbe, aún quedaba pelea.
Cuando sus ojos se cruzaron con los míos, esbozó una sonrisa cansada, una que no pedía ayuda.
Era una sonrisa de triunfo.
De quien dio todo lo que tenía y, aun cayendo, cumplió su propósito.
Por un instante me quedé inmóvil.
No sabía quién era, ni por qué estaba ahí, pero su sola presencia me hizo olvidar por qué había venido.
Había algo en ese chico que no pertenecía a ese lugar, ni a esa miseria.
No fue compasión lo que sentí.
Fue respeto.
Respeto por alguien que, sin uniforme ni insignias, había demostrado más valentía que muchos de los que usan una medalla de honor.
En aquel momento yo no tenía planeado nada más que mirar desde las sombras pero apenas lo vi mi instinto me dijo que lo ayudará y cuando mire atrás de él vi que un par de guardias con un aspecto herido pero con aquellas armas y cuando mire el alrededor también veía cadáveres con aquellas armas malditas entonces con su confirmación me llevó a aquel muchacho que despertó en aquel momento mi interés.
Fin del capítulo 2.

