001: Destrellado
El primer dedo fue otorgado a los primeros seres nacidos de las profundidades del océano; se le fue dado por las estrellas por su constante deseo de crecer y expandirse. La capacidad de propagarse.
El segundo dedo fue otorgado a los primeros animales capaces de trabajar en grupo; se le fue otorgado por las estrellas al ver como estos seres superaron los límites impuestos por la individualidad, superando la adversidad. La capacidad de cooperar
El tercer dedo fue otorgado a quienes sintieron un hambre mayor que el de solo expandirse; las estrellas se lo dieron a los animales capaces de sentir más allá de su instinto natural. La capacidad de desear.
El cuarto dedo fue otorgado para las bestias capaces de estructurar al mundo, dado por las estrellas a quienes crearon el lenguaje, la escritura, el arte y las armas. La capacidad de civilizar.
El quinto dedo… El quinto dedo fue otorgado solo para cinco especies; es el máximo regalo de las estrellas, una bendición con la cual uno puede pedirles un favor a los cielos; es lo que separa a los helenos de las bestias y lo que nos da el derecho de reclamar esta tierra, y también la maldición que nos obliga a luchar entre nosotros; solo cinco bendiciones para cinco grandes razas. La capacidad de crear y destruir.
Helena – La primera bendecida
…
La cama se encontraba vacía y desordenada; las sábanas de tela solo cubrían la mitad del colchón de lana y la almohada se encontraba en el suelo. Este estaba cubierto de esquina a esquina por complejos mapas de un laberinto dibujados en papeles toscos y amarillentos. Sobre las pilas de papeles se encontraba un hombre de cuerpo y rostro enjuto. Su delgadez hacía que descansar sobre las torres de papel se sintieran igual de cómodas como cualquier sábana de lana. Su cabello de un gris oscuro como piedras de antracita recorría su cabeza hasta los hombros y sería aún más largo si no fuera por los rizos que luchaban contra la gravedad. Su barba apenas cubría su mentón al igual que el bigote hacía contra sus labios. Sus ojos grises lentamente se abrieron seguido de un largo bostezo que apenas logró levantarlo de su poco ortodoxa cama.
— Que pereza trabajar…
El hombre se puso sobre sus pies mientras se quitaba el pelo del rostro, era solo un poco más bajo que el techo de su puerta de adobe y madera. Se vistió con sus sandalias, un bolso de lino lleno de papeles y una túnica de lana negra con decorados azules en los bordes y sujeta por un peque?o broche de bronce, el himatión blanco que se supone debía usar para denotar su nobleza se encontraba sucio a los pies de su cama y ni siquiera lo observó antes de salir de su habitación.
Como todas las casas en la ciudad de Helena esta tenía una pieza para los esclavos, sin embargo al no tener ninguno estaba convertida en una humilde armería repleta de tierra, polvo y ara?as por todos lados. De ese lugar solo se llevó un peque?o anillo de bronce mal forjado; estaba lleno de trazas de otros minerales impuros, guardado en el único cajón de madera que se mantenía limpio. Se colocó el anillo en su dedo medio de la mano izquierda, la falange proximal de este tenía una larga y fina cicatriz que se extendía hasta el nudillo, el anillo mal hecho apenas escondía algo de esta vieja herida y, aun así el hombre parecía cuidarlo con todo el aprecio del mundo.
En el comedor solo había un plato sucio y una nota con un sello que brillaba ligeramente por sí sola: “Polemarca Asterión “el Destrellado”, el arconte de la luz solicita que se presente en la puerta del laberinto junto a su falange para mapear de nuevo camino a la ciudad de Scíathos”.
— Maldito fin de mes —dijo Asterión mientras rompía el sello del papel con su dedo, lo cual hizo que el papel completo se iluminara por unos segundos hasta volver a la normalidad.
— Con esto Laconia debería saber qué hacer.
Completamente despierto solo comió un pan con carne seca y marchó fuera de su hogar, era ya la medianoche y la luna brillaba tenuemente sobre la ciudad de Helena, las casas de adobe y madera se extendían por el llano hasta donde no alcanzaba la vista, la muralla interna a lo lejos cubría la mitad del horizonte mientras que apenas se veía la punta de la muralla externa. Sobre todo se posaba la acrópolis junto al magnífico Partenón, el templo dedicado a la fundadora de la ciudad y las estrellas que la bendijeron. No había un solo hijo de Helena a la vista pues los helenos que vivían dentro del muro interior rara vez salían pasada la medianoche.
La puerta del laberinto se encontraba justo bajo la acrópolis y la tranquilidad de la noche hacía más lentos los pasos de Asterión, se concentraba en cualquier cosa que lo distrajera de la tarea impuesta por su superior, tener que mapear las rutas del laberinto cada vez que se reordena es un trabajo bien pagado, pero muy duro el cual solo realizan los polemarcas que luchan bajo el ala del arconte de la luz junto a sus falanges.
Unos sonidos repetitivos se escucharon cerca del mercado, era como si una tela completamente mojada chocara contra el suelo una y otra vez, el sonido estaba de paso al laberinto y los guardias solo se preocupaban de cuidar la muralla externa ?Quién se encontraba a esta hora en el mercado?
El polemarca caminó en silencio por la oscuridad, ocultaba el ruido de sus pasos y lentamente vio como una figura a lo lejos se agrandaba con cada metro avanzado, un ser cubierto de una enorme capucha golpeaba una y otra vez el cadáver de un minotauro esclavo con un garrote, la sangre apenas salpicaba y el arma del gigante estaba a punto de romperse de tantos golpes.
— ?HEY!
El grito de Asterión asustó a la criatura la cual corrió directo hacia la entrada del laberinto. El cuerpo destrozado del minotauro quedó posado ahí como un triste monumento de lo ocurrido, ni una sola de las casas cercanas llamó a un guardia para declarar la situación o siquiera se dignó a prender una vela con tal de entender qué estaba pasando.
— Supongo que es lo lógico —pensaba Asterión.
Helenos y minotauros se encuentran en guerra y cualquier esclavo es solo otro enemigo sometido para el resto, a nadie le tendría por qué interesar la vida de un triste vasallo que solo sirve como mano de obra.
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— Es lo lógico ?Verdad?
Lo más probable era que algunos esclavos hubieran intentado escapar y algún integrante de la falange roja estuviera reprimiendo a posibles revolucionarios, en teoría estaba haciendo un bien a la ciudad y solo había que razonar un poco para entender que esto era necesario.
— Lógico… Logos.
Logos; palabra que representa la razón, el pensamiento y sentido, todos términos que no podían usarse para describir lo que Asterión veía frente a sus ojos, mientras cerraba con sus manos los del minotauro. El polemarca decidió correr en medio de la noche hasta la entrada del laberinto y al ver entrar al encapuchado por el portón sellado Asterión se preparaba mentalmente para lo que se enfrentaría.
La puerta al laberinto está dividida en dos secciones, el pasadizo fortificado y el cuartel, en este último se encuentra el panel de objetivos, repleto de notas firmadas por los cinco arcontes que al ser completadas uno puede ganar su favor y varios dracmas, por supuesto. El encapuchado aun con su arma cubierta de sangre observaba como si nada las notas, sacó un papel de su bolso completamente en blanco con la excepción de una brillante firma roja la cual borró con su dedo y colocó en la orilla del panel, finalmente se sentó en el bar del cuartel; un regalo del arconte tinto para las falanges victoriosas. El gigante finalmente se volteó para encontrarse con el polemarca.
— ?Destrellado! Bastardo, me asustaste con ese grito, pensé que me había descubierto un hombre de verdad —dijo el enorme heleno de 2 metros mientras se servía vino de los barriles—. Siéntate conmigo o te mato.
Asterión se sentó, tomó una jarra y se sirvió algo de vino.
— ?Por qué estás matando esclavos a escondidas? —dijo el joven mientras observaba su trago reflejaba un rostro lleno de ojeras.
— órdenes de mi arconte, esclavos de Scíathos se rebelaron y escaparon de la ciudad, mi se?or me envió a matar algunos minotauros de Helena que pudieran sembrar semillas de rebelión.
— ?Pudieran? —mencionó Asterión mirando al tipo a los ojos.
— Si, nunca se sabe cuándo estas vacas puedan rebelarse y lo mejor es tenerlos con una correa llena de miedo, un defecto como tú no lo entendería “polemarca” —decía mientras acercaba su jarra a su boca—. Nunca hay suficientes precauciones que tomar en la guerra, cualquier indicio de rebelión por más peque?a que sea tiene que ser aplastada ?Ah! Y si dices cualquier cosa de esto le diré a mi arconte que me deje matarte con mis propias manos.
Asterión sujetaba con fuerza su trago mientras recordaba la escena y el rostro del minotauro. Inspiró y suspiró con todas sus fuerzas antes de volver a hablar.
— ?Por qué?
El gigante lo miró extra?ado.
— ?Por qué, qué?
Asterión solo pudo mirar al techo y cerró ligeramente sus ojos.
— ?Por qué siempre hacen lo mismo, una y otra vez? —El polemarca bajó su mirada otra vez—. Bastardos todos y cada uno de ustedes.
El sujeto finalmente se preparaba para tomar su primer sorbo.
— Tampoco es que sea difícil de reemplazar, seguro el due?o de ese esclavo conseguirá uno mejor ma?ana por la ma?ana. Tú nunca entiendes nada ?Verdad? Jamás dejaré de preguntarme cómo hiciste que el arconte de la luz te diera ese título, “polemarca”… de todas formas da igual, apenas tu escolta encuentre algo mejor morirás en un segundo en el laberinto.
El gigante finalmente puso sus labios sobre su jarra.
— Imbécil.
La jarra en la mano del polemarca se estrelló contra la cabeza del asesino, toda su cabeza quedo cubierta de vino y con sus ojos cerrados tomó su garrote e intentó dar un barrido ciego frente a él, el ataque destruyó toda la barra pero no sintió la resistencia de la carne, Asterión ya se había apartado y armado con la silla donde estaba descansando le dio otro golpe en la cabeza el cual rompió el mueble pero no su cráneo.
— ??Finalmente decidiste suicidarte!? —decía el guerrero mientras limpiaba el vino de sus ojos.
Asterión lanzó otra silla contra el gigante, pero este solo la atrapó con su mano izquierda, en ella tenía un anillo de bronce en su dedo medio con una larga piedra que le cubría casi toda la falange proximal. Este comenzó a brillar ligeramente con una luz grisácea mientras la silla lanzada se iba cubriendo de piedras hasta formar una esfera de roca.
— ?Juguemos Asterión!
La piedra de medio metro fue lanzada contra el polemarca quien apenas logró esquivarla mientras se escondía detrás de una mesa de madera. El gigante abalanzó su garrote contra la mesa destruyéndola junto al suelo y de sus escombros Asterión armado con la pata del mueble destruido golpeó con todas sus fuerzas la entrepierna del gigante. Este cayó al suelo de rodillas y antes de que el polemarca le diera el golpe final en el mentón el anillo brilló una vez más.
— Kornephoros.
El primer favor es otorgado a los bendecidos al cumplir 5 a?os, la estrella susurra su nombre en el oído de su campeón y este al repetirlo una fracción del poder del cielo se hace realidad. Kornephoros es la estrella de piedra y la dadora de fuerza, se dice que bendice a quienes no retroceden ante nada, a quienes no tienen miedo de imponer su verdad por sobre otros, ya sea para bien o para mal.
El mentón, cuello y varias partes del torso y brazos del gigante se convirtieron y cubrieron en piedra. El arma improvisada del polemarca se destruyó al impacto y le siguió un golpe seco dirigido a su pecho cubierto por sus brazos.
— Que un inútil como tú me haya hecho usar un favor…
Asterión se retorcía en el suelo por la falta de aire, sus brazos no se rompieron de milagro, pero el dolor era demasiado como para levantarse. El enorme heleno caminó lentamente mientras levantaba su garrote.
— Tiempo de hacerle un favor a Helena, adiós “Destrellado”.
El polemarca levantó su mano con cinco dedos esperando alguna bendición pues cada ser nacido con cinco dedos nace con el favor de una estrella; hombres y mujeres, reyes y esclavos, cobardes y honorables, nada de eso importa, si tú naces con cinco dedos en tus manos significa que fuiste elegido por alguna estrella, todos excepto Asterión, ninguna estrella en todos los cielos acudió a su plegaria, estaba solo igual que siempre y a pesar de eso Asterión tenía cinco dedos en sus manos.
— Kornephoros —dijo Asterión con el poco aire que finalmente había recuperado.
La piedra lanzada por el enorme heleno y esquivada por Asterión se rompió al impacto contra la pared del cuartel. El polemarca simplemente tomó un pedrusco y golpeó la entrepierna del gigante una vez más, el golpe lo hizo fallar su garrotazo contra el muro destruyéndolo por completo y cayendo fuera del edificio.
— Ríndete ya por favor —dijo el polemarca mientras se levantaba.
Asterión se apretaba el pecho con fuerza mientras buscaba una silla aún en buen estado para poder descansar, pero entre el polvo y los escombros el gigante se levantaba una vez más.
— Te voy… A matar… —decía el gigante conteniendo su ira mientras respiraba con fuerza.
Un calor extra?o llegó al cuartel desde afuera y Asterión entendió que finalmente podía soltar su mano del pecho para relajarse en su silla.
— Lo sé, lo sé. Vamos, mátame con tus propias manos ?No?
Como un toro rabioso, el heleno corrió lo más rápido que pudo. Su garrote estaba roto y su único objetivo era hacer lo mismo con el polemarca con sus manos, justo antes de alcanzarle Asterión cerró sus ojos y una parte de él esperó recibir el mismo destino que el minotauro, pero nunca llegó, y lo siguiente que vio con sus ojos fue la mano izquierda cortada de su enemigo y a este retorciéndose en el piso.
— Polemarca.
Las palabras vinieron de detrás de Asterión quien no tuvo que girarse para saber de quién venía esa voz.
— Laconia… Perdón por siempre darte problemas.
— No te preocupes.
El gigante ni siquiera tuvo la fuerza de gritar, simplemente tomó el anillo de su mano cercenada y se marchó corriendo lo más rápido que pudo.
La noche finalmente pudo tener algo de silencio, aunque la mente de Asterión era incapaz de tranquilizarse, recuerdos de helenos y minotauros pasaban por su mente una y otra vez.
—?No van a ejecutarnos por esto? —dijo la voz detrás del polemarca.
— Nah, la maldita luciérnaga nos protegerá.
A pesar de esas palabras Asterión no podía quitar su mirada del cadáver, solo se le venía a la cabeza un pensamiento el cual ni siquiera él mismo comprendía del todo.
— Lo siento…
La disculpa iba dirigida al minotauro muerto, quien se convertiría otro recuerdo amargo de los fracasos de un hombre sin ni una sola estrella sobre su cabeza.

