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Capítulo 06

  -?Acaso?- se preguntaba Astrid notando como una silueta se movía entre la nube de polvo.

  -Es él- afirmo Yan viendo en la silueta un cabello muy particular, aguándose los ojos de la centauride.

  -Quizás te subestimé... Jeno- le dijo Galo observando como el casta?o disipaba el polvo con su mano notándose como este cargaba al licántropo y en su cabeza tenía una herida la cual estaba sangrando recorriéndole esta por encima del ojo derecho el cual estaba cerrado.

  Jeno dejo al licántropo en el suelo ignorando las palabras de Galo para luego caminar donde estaría Alysa tomándola entre sus brazos y empezando caminar en dirección a Yan.

  -Así que tienes las agallas de ignorarme, maldito humano- le dijo Galo pero el casta?o continuo su trayecto entregándole la ni?a a su amigo.

  -Jeno no, esto va, más allá de lo que te has enfrentado antes, no podrás ganar con trucos...- le decía Yan, pero el casta?o totalmente serio lo callo.

  -Tranquilo Yan- le dijo este volteándose a ver al pálido vampiro cruzando estos sus miradas, observando con atención Deo el aura que desprendían ambos.

  -Oye...no me gusta tu mirada- le decía el se?or vampiro alzando su mirada observando como el casta?o le veía con el ce?o fruncido, -???No me mires más así!!!- le grito este mientras Jeno continuo observándolo rebosando de ira.

  En un instante el casta?o desapareció de la vista del vampiro, buscándolo este por todos lados, pero de manera veloz Jeno, ya estaba frente a este y entonces fue cuando Galo sintió el poder del supuesto hombre más fuerte del mundo, el vampiro pálido se bloqueó con sus antebrazos recibiendo en estos un pu?etazo del casta?o, pero poco a poco la carne del vampiro fue cediendo y el pu?o avanzando hasta que para sorpresa de todos, ambos brazos del vampiro fueron desmembrados saliendo estos volando, pero el pu?o no termino su trayectoria, este impacto de lleno en su cara separando de su cuerpo la parte de arriba de su cabeza quedándose solo la parte inferior de su mandíbula pegada al cuello, todos los presentes abrieron los ojos como platos estando perplejos, nadie lo podía creer, el cuerpo del vampiro callo al suelo mientras que se notó que el brazo con el que golpeo Jeno estaba roto.

  -Increíble- menciono el vampiro rubio que estaba en el suelo comenzando a regenerarse su anterior herida cubriéndose esta de vapor.

  -?Acaso, Jeno era tan fuerte, como puede ser ese muchacho gracioso, tenía tanta fuerza?- se preguntaba Astrid y a su cabeza le llegaron varios recuerdos, como cuando tuvo aquella pelea con la esfinge, cuando rompió los barrotes de la jaula del licántropo y cuando este le hirió, pero gracias a eso todos aquellos esclavos vampiros murieron, -Pues, si, que es fuerte- menciono de nuevo la casta?a en voz baja sonrojándose ligeramente.

  -Quien... quien eres...- se le escuchaba decir a la mandíbula destrozada del vampiro mientras varias venas tomaban las partes separadas y se unían nuevamente, parándose el vampiro que había vuelto a la normalidad, -????Quién eres realmente?!!!- le pregunto gritándole envuelto de ira Galo y el casta?o sonrió de manera dentuda.

  -Solo soy un chico que se crio con los centauros- le dijo este posando su mano delante de la cara mirándolo de manera sería mientras de su sombra aparecía una bella ninfa con cola de serpiente y cabellos escarlatas.

  Ahora retrocederemos durante una hora, volviendo al bosque en el momento que Jeno estaba desfalleciendo y Alysa le empezó a vertir su sangre vampírica sobre la herida.

  -No permitiré que mueras, al final lograste ingeniártelas para derrotar al ejército del amo, es una promesa, aparte me caes bien- le respondió la ni?a cortándose su antebrazo con el filo de la espada de Astrid empezando a gotear su sangre encima de la herida del casta?o y a la vez esta le mordió su cuello empezando a succionar sangre.

  En otro lugar y otro momento, podemos ver en un lugar totalmente blanco a un casta?o conocido el cual se encontraba desnudo y solo.

  -Mm, ?me pregunto como termine aquí, acaso he muerto?- se preguntó este y se escucho una risa femenina.

  -Ja, ja, ja, no, no has muerto, pues tus amigas intentan aferrarte a la vida, lo cual me alegra pues somos uno únicamente- Jeno escucho decir esas palabras y se giró observando a quien las decía.

  -?Tú eres...?- pregunto el casta?o confundido y ella le contesto.

  -Hola Jeno, es un gusto verte, es entendible, soy una deidad que ya no es recordada hace tiempo, no te culpo, te explicaré- le dijo la bella mujer de cola de serpiente y cabellos escarlatas dejando confundido al casta?o, -Entiendo tu confusión, soy Equidna, vientre de dragona y madre de monstruos, la Esfinge que derrotaste es una de mis hijas, realmente eso no me importa, pero me llamaste la atención, tú rompiste el jarrón donde estaba sellada así que ahora vivo en tu sombra y depende de como te desarrolles controlaras mi poder o no.

  -?Y si no lo logro?- le pregunto el casta?o entrecerrando los ojos y la reacción de la pelirroja fue afilar su mirada y sacar su lengua de serpiente.

  -Perder no es algo que debería preocupar al hombre más fuerte del mundo, ?no?- le menciono ella y al frente de estos apareció una caldera de acero la cual estaba encima de las brazas de una fogata, sellada con una tapa que atrevés de esta se desprendía vapor, -En esta caldera se encuentra una espada, la cual ha estado hirviendo durante siglos esperando un nuevo portador, si la logras sacar dominaras mi poder, pero hay un contratiempo.

  -?El cual es?…- le pregunto de manera indiferente el casta?o y de pronto el fondo blanco cambio a uno de diversos colores, muchos cambiaban y cambiaban estando en un campo de sembrados estando una cruz echa de madera con alguien en ella.

  -Antes de sacar el arma debes hacer que la voluntad de mis antiguos poseídos descanse porfín, adéntrate en esta dimensión de locura- le dijo ella y de pronto la parte inferior de Jeno fue vestida con una túnica corta y blanca, -Es un atuendo sencillo, pero no puedo permitir que me distraigas con eso, nos vemos hombre más fuerte del mundo- le dijo ella y desapareció en un instante entre un vapor de color rosado dejando a un casta?o confundido.

  Jeno se acercó y pudo observar que quien estaba colgado no era otra cosa que un aparente mu?eco, echo con trapos rellenos de paja vistiendo unos harapos y un sombrero del mismo material del interior de su cuerpo, Jeno no sabía que era ni tampoco le importaba mucho por lo que estaba indiferente, pero esto es un espantapájaros, el casta?o se le quedó mirando y en la supuesta cabeza le aparecieron unos ojos humanos los cuales estaban inyectados en sangre para después rajarse parte del trapo en su cara simulando este ser su boca.

  -Mírame, mírame, ya no soy un inútil, puedo espantar pájaros para que las cosechas puedan darse, creo que se me da mejor que para ser futuro rey de Troya, ese puesto es para Héctor, a no que lo mato Aquiles, a no que Troya fue destruida, me quitaron a Helena, la recompensa de Afrodita, estoy muerto, jajajá- le decía el espantapájaros mientras la paja caía por el agujero de la supuesta boca, -Equidna prometió protegerme, darme poder para igualar a mi hermano y superarlo, pero me mintió, esa espada no servía para nada...

  -Estas son las inseguridades de Paris, le prometí que le daría las fuerzas para acabar con sus enemigos y reinar sobre Troya, pero parece que toda la hombría que mostró raptando a Helena la perdió, porque no fue capaz de empu?ar mi espada a causa de su cobardía, mato a Aquiles impactando una flecha en su talón eso describe el tipo de hombre cobarde que es, ya que su flecha fue guiada por Apolo, no por él- resonaba la voz de Equidna en la cabeza de Jeno mientras el espantapájaros no dejaba de hablar.

  -Por favor escúchame- le rogó el espantapájaros y Jeno asintió sonriéndole.

  -?Cuéntame que te hace sentir inseguro Paris?- le pregunto el casta?o.

  -Maldigo la hora en que me eligieron en aquel juicio, yo quería a la mujer más hermosa, por tanto, Afrodita debía de tener esa manzana, pero como sabría yo que eso desencadenaría aquella guerra, Helena era hermosa y la quería bajo mis sabanas para consumar todo lo que sentía por ella, pero aquel maldito de Menelao no pudo renunciar a su esposa, corrió a buscar a Agamenón su hermano y cargaron contra Troya, siempre estuve bajo la sombra de Héctor, pero el murió a manos de Aquiles, yo no, yo lo mate, yo también quería ser un guerrero lleno de proezas como él, pero siempre me han tachado de cobarde...- hablaba y hablaba el espantapájaros y fue interrumpido por Jeno.

  -Paris, Paris, escúchame, tus problemas no me importan- le dijo de manera seca el casta?o produciendo que el antiguo príncipe de Troya abriera los ojos como platos, - Dijiste que tu deseo era tener a Helena bajo tus sabanas y todas esas boberías que dijiste y por lo visto lo conseguiste, tuviste varios hijos con ella, además dijiste que querías ser como tu hermano un guerrero con proezas, mataste a Aquiles que más proeza que esa, ?no?- le dijo Jeno y los ojos del espantapájaros se quedaron perplejos.

  -Tienes razón- le dijo el mu?eco empezando a deshacerse en pedazos mientras que todo ese campo sembrado desaparecía volviéndose una pradera que tenía una mesa con varias comidas y bebidas en ella y muchas sillas a su alrededor y de pronto el casta?o sintió una respiración en la nuca.

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  -Lograste que el alma del príncipe de Troya fuera eliminada, pero no sabes si lo hiciste descansar en paz, quizás no, solo lo sabrás cuando saques la espada- le decía la mujer serpiente estando detrás de Jeno empezando a tocarle el pecho y abdomen logrando incomodar un poco al joven, -Apenas y has sentido el contacto de una mujer jovencito, quizás...- le decía ella y pozo su mano en la herida de su abdomen y adentro sus dedos en ella provocando un gran dolor al casta?o para luego desaparecer.

  -Debo terminar esto- se dijo así mismo Jeno caminando donde estaba el banquete, en las sillas no había nadie sentado, este noto que había un plato más grande que los demás que estaba tapado por una caldera de hierro, este retiro la caldera y quedo sorprendido.

  -Hola- le decía la cabeza de una mujer de cabellos negros que estaba servida en el plato, Jeno al ver esto estando perplejo vuelve a taparla con la cazuela.

  -Lo que queda de esta mujer servida en el plato son el arrepentimiento de Clitemnestra, esposa de Agamenón y reina de Micenas, ella quería vengarse de su marido por sacrificar a su hija Ifigenia, está junto a su amante Egisto, lo mataron después de terminar la guerra de Troya, ella me pidió consejo para cumplir su venganza y le di la fuerza para llevarla a cabo- le susurro al oído Equidna al casta?o y este volvió a abrir el plato dejando que la cabeza lo viera.

  -Solo eres un jovencito, como entenderías, Artemisa no dejaría zarpar la tropa de mi marido y pido el sacrificio, él la entrego, pero debí confiar en el buen corazón de la diosa, ella salvo a mi hija volviéndola una de sus sacerdotisas llevándosela a Táuride, el verdadero sacrificio fue una sierva, no supe esto hasta que fui asesinada por Orestes junto a mi amante, esa maldita serpiente me enga?o, maldita- le decía la cabeza de la antigua reina apretando los dientes llena de ira.

  -Usaste el poder de la espada para apu?alar a tu marido, entiendo que estuvieras segada de venganza, pero olvidaste lo más importante que era tu hija, pero después de todo ella no murió, por lo que deberías estar feliz, ya recibiste tu castigo, puedes descansar- le dijo el casta?o y los ojos de Clitemnestra se cristalizaron.

  -Es verdad...- susurro ella volviéndose cenizas, para tapar posterior a eso Jeno el plato.

  -Lo lograste nuevamente- le dijo Equidna al casta?o tomándolo por los hombros tumbándolo en la mesa destrozando la mayoría de platos arrancándole con su cola la túnica que tapaba su entrepierna.

  -No tengo tiempo para esto, sabes que tengo que salvar a mi madre, toda la tribu está en peligro...- le decía este, pero ella lo callo tapando sus labios con su dedo.

  -Que arrogancia, ni siquiera has mencionado que necesitas mi fuerza para competir con los vampiros, tanta hombría para un jovenzuelo, quizás debería arrebatártela- le decía ella bajando hasta quedar frente a su hombría enredándola con una hebra de su cabello, -Puede que no lo creas, pero lo que pase aquí repercute en tu verdadero cuerpo, puede que solo parezca un cabello, pero eso es lo que lo hace peligroso, es un cable de tensión que puede cortar lo que sea, quizás tu mástil de carne sufra una separación...- le decía ella, pero noto que Jeno no se notaba nervioso estando bastante serio frunciendo ella el ce?o.

  -?Quién más queda?- le pregunto el casta?o y volvió a ser cubierto con su túnica mientras Equidna se levantaba dándole la espalda.

  -Estas a punto de verlo- le dijo ella se?alando al suelo y de pronto esa mesa desapareció siendo tragada por la tierra cayendo el casta?o al suelo mientras la mujer serpiente desaparecía en un vapor rosado.

  Jeno miro alrededor en la pradera, este vio una piedra de gran tama?o este al tomarla y darle la vuelta volvió a quedar perplejo pues en el reverso de la roca estaba grabada la cara de un hombre, de pronto la piedra abrió los ojos y sonrió soltándola el casta?o al suelo con asco.

  -Por favor, no me trates mal, se?or, sé que lo asuste, si tuviera mi Lira tocaría una melodía que lo calmara, pues mi música es capaz de opacar el canto de las Sirenas y dormir al Cerebero, mi nombre es Orfeo- le dijo la roca sorprendiendo a Jeno.

  -Esta roca representa la tristeza de Orfeo, este viajo en el Argos, bajo el manto de Jasón como un Argonauta más, pero este cayó en desesperación cuando su amor, Eurídice murió por la mordedura de una serpiente mientras escapaba de un hijo de Apolo, Aristeo quien la quería violar, este se lamentó durante mucho tiempo atrevés de la música haciendo llorar a muchas deidades, pero solo yo, quien habitaba en su sombra pude hacerlo entrar en razón, él tenía que ir al Hades y recuperar a su amada- le contó Equidna al casta?o mirando este la piedra.

  -Maldita serpiente, por su boca solamente suelta veneno, viaje al inframundo, detuve tormentas, dormí a Cerebero, ablande el corazón de Perséfone y Hades, me dejaron que me marchara con mi amor, lo hice, solo no tenía que voltear a verla hasta que ella fuera ba?ada por el sol y eso hice al pie de la letra, pero mi desesperación fue mi perdición, ella ya había sido ba?ada por el sol o casi apenas y parte de sus pies aún estaban en el inframundo cuando la mire, fue tragada en la oscuridad, volver al inframundo me fue negado y a causa de eso, caí en desesperación, jure que nunca más tocaría a una mujer y así sería- le contó Orfeo mientras lloraba.

  -Eurídice volvió al inframundo y Orfeo a pesar de muchas provocaciones de ninfas no se dejó engatusar, su corazón pertenecía a su amada, pero esas ninfas despedazaron su cuerpo, Apolo convirtió su cabeza en piedra para protegerla, Hermes transformo a las ninfas en árboles y Zeus alzo su lira a las constelaciones y así Orfeo volvió al inframundo junto a su amada, pero como vez no volvió completo- le volvió a comentar Equidna.

  -Siento una tristeza en mi interior que arde como una llama que no se puede apagar, ?cómo podría dejar atrás esta tristeza?- le preguntaba la roca y fue callada por Jeno.

  -Orfeo, para dejar de estar triste solo hay que estar feliz- le respondió el casta?o portando una sonrisa dentuda produciendo que este abriera los ojos como platos, -Te reuniste con ella al final, ?no?

  -Cierto...- le dijo Orfeo mientras se hacía polvo la roca dejando solo al casta?o frente a la caldera apareciendo Equidna a sus espaldas.

  -Es el momento de la verdad Jeno, si las brazas de la caldera se apagaron lo hiciste bien, podrás sacar la espada y apu?alarme el corazón así seré tu sombra, fiel para siempre, pero si no consumiré tu cuerpo- le dijo ella y el casta?o se acercó a la caldera, pero esta ardía más que nunca, -Vaya, parece que al final no triunfaste, no te preocupes, tu nefasta derrota no será en vano, portaré tu cuerpo...- le decía la pelirroja pero Jeno sonrió avanzando a la caldera.

  Este abrió la tapa y metió su mano dentro del agua hirviendo para después sacar la espada la cual portaba filo, por un lado, parecido a un sable, tal acción dejo asombrada a Equidna, pero más la asombro cuando noto que Jeno no poseía ninguna herida.

  -?Cómo es posible...?- pregunto esta mientras este se acercaba sonriente portando la espada, se empezo a formar una sombra en sus ojos empezando a temblar la madre de monstruos.

  -Supuse que ese fuego no me da?aría, como solo escupes mentiras por tu boca, tal como una serpiente escupe veneno, menos mal que no me equivoque- le dijo este observando su nueva arma, -?Así que ahora para tener tu poder, solo tengo que apu?alarte?

  -Haz lo que tengas que hacer- le dijo ella formándose una sombra en sus ojos, pero de pronto vio como Jeno arrojaba esa espada hacia la caldera hirviendo mientras se calcinaba el arma, -??Maldito que pretendes?!- le pregunto ella frunciendo el ce?o mientras este se carcajeaba.

  -Yo solamente necesitó mis pu?os para ser buen luchador, aparte la tristeza que se vio en ti no era mentira- le dijo este sorprendiéndola dejándola perpleja, -Waaa, sí que quemaba, que suerte tuve, ja, ja, ja.

  -?Hasta donde llega tu arrogancia maldito!...- le decía ella, pero fue callada de inmediato por el casta?o.

  -Yo sé lo que es estar solo y que no te aprecien por ser distinto, sentir que no eres necesario, ellos te culpaban de sus fracasos, en las leyendas nadie te recuerda por ayudarlos, nadie sabe siquiera que tu mano guio sus destinos, no quiero usar esa espada me niego- le dijo Jeno logrando sacarle una carcajada a la mujer serpiente.

  -Realmente eres alguien que hace cosas inesperadas Jeno, pero al destruir mi espada no podrás utilizar mi poder, pero aún puedo darte mi bendición y volverme tu sombra, ?quieres que te diga?- le dijo ella adoptando una mirada filosa mientras que este abrió los ojos como platos.

  -Quiero saber, quiero saber, quiero saber- le decía este mientras se mordía las u?as con los ojos bien abiertos y rascándose el cabello.

  -Te lo diré nada más si mueres para mí- le dijo ella y a su frente apareció un lago de lava ardiente, la mujer serpiente sonrió de manera psicópata viendo como una sombra aparecía en los ojos del casta?o, (Es imposible, nadie que he conocido se sacrificaría por nadie, todos estos que se hacen llamar héroes, solo son unos habladores...) pensaba ella, pero de pronto vio como el casta?o se lanzaba a la lava terminando por hundirse, observando esta sorprendida en gran medida.

  Jeno se hundía y de pronto pudo notar como este era alzado por una corriente de agua saliendo de ese lago que ahora era de agua, la profundidad del lago bajo hasta que quedo lo suficientemente bajo como para que este se acostara y su cabeza fue apoyada en el regazo de la pelirroja la cual tenía una dulce sonrisa.

  -Has pasado la prueba Jeno, te diré lo que tienes que hacer para que sea tu sombra, debes darme una prueba de afecto- le dijo ella apartando la mirada del, pero este le tomo el mentón con su mano y lo giro para luego unir labios con ella logrando sonrojar a la mujer serpiente, el sonrojó fue en aumento produciendo que su vergüenza fuera tan alta que todo ese mundo de locura se despedazó.

  Jeno abrió poco a poco sus ojos y pudo notar como Alysa le mordía el cuello separándose está dejando de verter sangre en la herida del casta?o, este se levantó poco a poco habiendo estado apoyado en el regazo de Astrid anteriormente.

  -Vaya, que intenso fue ese sue?o- dijo Jeno respirando de manera entrecortada notando que su herida estaba totalmente cerrada, -?Pero cómo?- pregunto este muy sorprendido y noto que la herida del brazo de la ni?a se cerraba.

  -A través de mi sangre fuiste curado, esta tiene las propiedades curativas necesarias para que sanaras, te chupe la sangre para no desfallecerme, yo digo que fue un intercambio justo, me alegro de que estés bien- le dijo la ni?a vampira.

  -Por cierto Jeno, deberíamos buscarte algo con que taparte, ella es una ni?a, no debería estar viendo eso- le dijo Astrid tapándole la entrepierna con su mano para que no lo viera Alysa la cual adopto un semblante indiferente.

  -No hace falta que tapes si apenes se veía algo- dijo la peque?a vampiresa soltando una risita la casta?a.

  -Pero que peque?a- dijo Astrid y Jeno la interrumpió.

  -No Astrid, ella es una vieja, tiene más de quinientos a?os, no pasa nada- le dijo este creando un aura de furia atrevés de la ni?a.

  -Ah bueno, si ese es el caso- le dijo Astrid retirando la mano parándose, para luego abrazar a Jeno, -Pensé que te morías imbécil- le decía esta y mientras la ni?a veía como ambos chocaban intimidades estando desnudo Jeno.

  -Los mato- susurro ella captando la atención de ambos casta?os, pero esta disimulo rascándose la garganta, -Jeno te conseguiré unas prendas parecidas a las mías, de la Atlántida, debemos apurarnos, ?no?, tu mamá corre peligro.

  -?Si!- exclamo este caminando hasta la ni?a acariciándole la cabeza con su mano sonrojándola, -Gracias por salvarme la vida Alysa- le dijo este y ella volvió a rascarse la garganta para disimular su vergüenza.

  Estos tres lograron entrar en la cripta, Alysa le dio a Jeno las prendas y accesorios que tiene puestos actualmente y estos presenciaron la lucha de Deo y Galo hasta que Jeno intervino rompiendo la espada del se?or vampiro de una mordida, luego le arremetió aquel golpe donde se rompio el brazo y volvemos donde ya habiamos estado.

  Continuara...

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