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Capítulo 01

  En el a?o 448 a.C en Esparta, ha nacido un ni?o, un futuro héroe...

  Es de noche y escasea la luz, pero una peque?a flama proveniente de una antorcha se puede ver, esta antorcha la porta un varón de piel blanca, estatura alta y de complexión fornida de larga melena negra y una barba relativamente larga, este caminaba por el pueblo, sus pasos eran apresurados salpicando barro en sus sandalias e himantón, su manto grisáceo que le cubría el cuerpo, las gotas de sudor le recorrían la frente viéndose sus ojos color marrón, al fin el hombre paró en seco frente a la puerta de una casa, este estaba perplejo, ya que en el ambiente no se escuchaba ni un sonido, de inmediato este abrió la puerta de manera brusca.

  -He sentido una fuerte presión en mi pecho, seguro que fue el aviso de los dioses, mi hijo... ?Cassandra!- hablo bruscamente el hombre entrando a la casa donde se encontró a su mujer en el suelo.

  Esta mujer de cabellos cortos y lacios, estos tenían un color casta?o, estaba sofocada, la corta túnica que vestía estaba manchada en sangre mientras aun su intimidad le sangraba y eso la estaba matando de dolor, sin embargo reunió energías para hablar después de tomar una fuerte boconada de aire.

  -Es ni?o... lo tiene ella- le dijo Cassandra se?alando a la mujer a su lado.

  La mujer es de estatura mediana y bastante delgada, su piel era morena y sus ojos marrones dejaban ver sus ojeras causadas por el cansancio, su cabeza estaba afeitada cubierta con un gorro de piel de perro y vestía una tosca prenda de piel de cuero, la mujer se acercó rápidamente al hombre con el ni?o en brazos, extendiéndoselo viéndose las manos callosas de la mujer, si, esta fémina no era otra cosa más que una esclava.

  -Déjame ver a mi hijo ilota- dijo el hombre arrebatándoselo de las manos a la esclava, este observo al recién nacido perplejo, ya que era extremadamente peque?o y lloraba de manera leve y temblorosamente, - Este ni?o, es demasiado... peque?o, apenas y llora, no posee un espíritu guerrero, será un castigo de los dioses, es una desgracia.

  -Mi se?or, el ni?o apenas y ha nacido, la se?ora Cassandra parió justamente a los siete meses, es algo normal, puesto que el ciclo no se comple...- le explicaba la mujer de piel morena siendo interrumpida por un fuerte manotazo en su rostro proveniente del padre del ni?o.

  -?No te atrevas a hablarme malnacida!- le grito este mientras la mujer se arrodillaba escupiendo sangre.

  -Cari?o, llévalo al Consejo, que ellos decidan- le propuso su esposa logrando que este se calmara marchándose siendo acompa?ado por su sirvienta.

  Al llegar donde la Lesca, lugar donde los más viejos y sabios del pueblo revisarían al bebé, al verlo estos hombres con una expresión frívola y cruel lo tomaron en brazos y lo sumergieron en un ba?o de vino sin diluir, sin embargo, el ni?o no reacciono como ellos esperaban manteniéndose inmóvil y lo sacaron entregándoselo a su padre.

  -Este ni?o no vivirá para traerle gloria a Esparta, ya sabes lo que tienes que hacer Anddreus- le dijo uno de los ancianos mientras se lo entregaba al padre quien mantenía una expresión indiferente.

  -Escucha ilota, este ni?o debe perder la vida, así que desaste del rápido- le dijo Anddreus dándole al bebe en los brazos a la mujer.

  -Esto... es una crueldad- decía en voz baja la esclava de camino a un río con el ni?o en los brazos temblando debido a que no tenía ropa puesta y la anterior remojada en el vino, en su conciencia la mujer recordo cada momento del embarazo de su se?ora tomando esta una decisión- Me niego a que este ni?o muera- se dijo la misma echándose a correr alejándose de la población llamando la atención de los espartanos que de inmediato causo que algunos guerreros la siguieran.

  La morena corrió por la espesura adentrándose en la vegetación raspándose sus descalzos pies, pero sus piernas no se detenían, ya que la vida de ese ni?o estaba literalmente en sus manos, al llegar a las orillas del río Eurotas mientras que los soldados la estaban alcanzando, solo dos le habían seguido el paso, pero esos dos eran más que suficiente para terminar con la vida de tan débil mujer, sus pies empezaron a fallarle, el dolor al costado de su estómago era sofocante además de su respiración entrecortada, por lo que tuvo que parar, ella rápidamente dejo al ni?o escondido entre unos arbustos.

  -Mi destino es morir, pero tú tienes que crecer y vivir...-decía ella cuando de pronto una lanza le atravesó la cabeza precipitándose el cuerpo de la esclava al río hundiéndose.

  Los guerreros de bronceadas corazas y escudos tallados se acercaron mirando alrededor esperando ver algún rastro del bebé.

  -El ni?o debió caer con ella, vámonos- dijo uno terminando por marcharse los soldados.

  El destino del ni?o hubiera sido morir entre la naturaleza de no ser porque alguien le salvaría, unos seres que estaban cazando por ahí.

  Un grupo de centauros, bestias las cuales su torso era el de un ser humano y la cintura hacia abajo era el cuerpo de corceles, algunos estaban cazando alejados de la población humana, ya que en ese momento estos estaban realizando un viaje emigratorio.

  Uno en especial, una centauride, una hembra que cazaba con sus compa?eros vio la escena y el asesinato de la esclava desde las sombras, cuando los soldados se fueron esta salió de su escondite, dejándose ver.

  Su figura es aparentemente hermosa, de gran estatura y cuerpo relativamente fornido, su tez es blanca y tiene un largo cabello de color marrón oscuro el cual tapaba la zona de sus senos, tiene ojos de colores como las esmeraldas y sus patas se veían fuertes portando en su espalda portaba un arco de madera y varias flechas en una funda de piel de animal, esta mujer se acercó lentamente al arbusto y recogió suavemente al ni?o recostándolo a sus brazos.

  -Que atrocidad, este peque?o- decía ella y escucho el leve llanto del ni?o sorprendiéndola provocando una dulce sonrisa en ella, -Así que aún quieres vivir, está bien, yo seré tu madre...

  Este giro inesperado del destino provoco que el futuro para este peque?o ni?o fuera glorioso... o no...

  Bosques de Tesalia, a?o 440 a.C.

  Recostada a un árbol del bosque se encontraba una centauride de cabellos casta?os, que se estaba levantando, aun somnolienta se rasca los ojos y empieza a buscar algo o alguien a su alrededor.

  -Jeno...- dijo esta en voz baja, pero mientras más buscaba más pálida se ponía su cara, -?Jeno, Jeno, donde estás!, ???Jeno!!!, oh no- empezó a gritar esta esperando respuesta, pero en un momento lo comprendió y adopto un semblante perplejo.

  Alejado de ahí en la espesura del bosque un peque?o ni?o corre este es un sátiro, un ser parecido al centauro, tiene un cabello despeinado y erizado de color claro teniendo este un tono anaranjado, unos peque?os cuernos negros adornan su cabeza y sus ojos son del mismo color, este peque?o es un ni?o como cualquiera solo que las partes inferiores de su cuerpo son las de un macho cabrío.

  -?Los habré perdido?- se preguntaba el peque?o sátiro exhalando aliviado por el silencio hasta que en un instante alguien lo levanta en peso jalándolo por su cabello provocando que grite a causa del dolor, -Por favor paren, paren- rogaba este, pero únicamente escucho risas detrás del.

  -Ja, ja, ja, ni pienses que te dejaremos ir, eres una presa perfecta para comer esta noche- hablo quien lo tenía agarrado que era un centauro el cual aparentaba ser un adolescente.

  -Eso es compa?ero, un buen sátiro es perfecto para ser nuestra primera caza, los líderes de la tribu estarán orgullosos- mencionó otro centauro de juventud parecida al agresor.

  -Esto no es necesario, hay muchos ciervos en el bosque, podemos llegar a un acuerdo, si, si, sí...- les proponía el sátiro, pero fue callado de inmediato.

  -?Calla!, la culpa es tuya, si no hubieras estado espiando a nuestras mujeres mientras se ba?aban en el río, quizás, quizás, te pudiéramos perdonar, pero su fuerte grito al descubrirte nos puso alerta, eres comida ahora- le dijo otro centauro que los acompa?aba de igual joven aspecto, pero era distinto, ya que era mucho más fornido y tenía todo su brazo tatuado con marcas negras y palabras en un idioma perdido de la lengua de los hombres.

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  -Pero...- les decía el sátiro con ojos llorosos y un fuerte golpe le fue arremetido en la cara provocando que le sangrara tanto la nariz como la boca.

  -Es que no entiendes la situación en que estas...- le decía el centauro, pero se calló al escuchar unos susurros provenientes de los árboles.

  -Quiero saber, quiero saber, quiero saber- empezaron a resonar esas palabras en el bosque alertando a los centauros viendo estos de inmediato a quien las decía saltando de la rama de un árbol a donde estaban ellos, este era un ni?o de tez blanca, delgado, de cabello corto y erizado de color casta?o oscuro, sus ojos eran filosos del mismo color de su pelo con cejas anchas, frondosas y oscuras, vestía una tela grisácea alrededor de su cuerpo estando descalzo, este se notaba muy nervioso mientras se mordía las u?as de una de sus manos.

  -Bah, solo es Jeno, peque?ajo, porque estás tan lejos de tu madre, estás seguro que con esas piernas puedes andar solo, ja, ja, ja- le dijo uno de los centauros burlándose del.

  -No deberían hacerle eso a ese peque?o, la caza tiene otros principios mi madre me lo dijo- les dijo el ni?o de cabello casta?o.

  -Haber y cuáles son Jeno, ya que eres un sabelotodo, eh, idiota- le dijo el centauro tatuado con un semblante serio empujando al ni?o cayendo este al suelo.

  -Ahora no me acuerdo, nunca suelo prestar atención, mi madre dice que no tiene ningún sentido provocar una pelea si no es para defender algo que realmente aprecias, por lo que esta humillación no sería motivo para golpearte- le decía el casta?o con la cara sombría para después esbozar una sonrisa dulce y en un instante... dio un gran salto y golpeo con su pu?o la mandíbula del centauro tumbándolo al suelo, -Pero, ???Como te atreves a llamarme idiota imbécil!!!

  -?Increíble!, ha tumbado a un centauro de un golpe- decía el sátiro observando como se levantaba el del brazo tatuado sangrando por la boca para de pronto escupir una muela al piso.

  -?No sabes donde te metes Jeno!- le dijo el centauro golpeándole el estómago al ni?o provocando que escupiera de tal impacto dejándolo arrodillado en el suelo, -Te vas a arrepentir- le decía el mismo preparando otro golpe, pero una flecha fue lanzada rozándole la mejilla a este clavándose en el centro de un árbol que estaba detrás del.

  -La próxima no la voy a fallar a propósito, deja al sátiro y váyanse- les dijo una centauride de cabellos casta?os que se acercaba lentamente apuntándoles con su arco.

  -Sobre mi cadáver, tu peque?o me ha dejado en ridículo y ese sátiro es mi presa- decía el del brazo tatuado acercándose uno de sus compa?eros dándole un sable, - Te ense?aré, lo que significa ser un heraldo.

  Ambos estaban a puntos de lanzar sus ataques penetrándose las miradas de ambos en sus gargantas, ambos ya habían decidido donde iban a atacar, ?pero quien sería el más rápido? y en ese momento...

  -???Basta!!!- resonó el grito de un hombre por todo el bosque retumbando el aire bajando las armas él y ella.

  -Marmolkhan- le dijo en voz baja la centauride haciendo contacto visual con quien había lanzado aquel grito.

  No era otro que un enorme centauro, era muy musculoso y tonificado, su tés es blanca teniendo todo el cuerpo lleno de tatuajes, ambos brazos, la espalda, eran símbolos y escritos con formas de llamas negras y en medio del pecho tenía un sol, tiene una larga cabellera color negra con una barba y bigote de igual color, sus ojos son filosos de color azul zafiro y en el parpado del derecho tiene una cicatriz de corte, sus patas y lomo tienen un detallado pelaje de color azabache y en sus manos porta una espada gigantesca.

  -Eleira, esperaba más madurez de ti- le reclamo el centauro de gran imponencia acercándosele mientras ella bajaba la cabeza, Mormalkhan se acercó al joven centauro que agarraba a sátiro y solo con su mirada logro que lo soltara, permaneciendo todos en silencio hasta que el centauro del brazo tatuado hablo.

  -La culpa es de Jeno, nosotros solamente estábamos cazando a ese miserable...-hablaba el joven hasta que fue interrumpido por Mormalkhan.

  -Lo sé, su caza ha terminado, ahora esfúmense- les dijo este marchándose los tres jóvenes, -?Ahora Jeno, porque agredes a los tuyos?.

  -No me pareció justo que estuvieran maltratando a ese ni?o, aparte quería saber que era un sátiro- le respondió Jeno a su pregunta manteniéndose en silencio el centauro.

  -Después de haberte salvado la vida cuando eras un bebé, como puedes osar da?ar a uno de nosotros, deberías agradecerle a esa mujer que se hace pasar por tu madre el que la comida no seas tú- le respondió Mormalkhan marchándose de ahí dejando a un ni?o con ojos llorosos.

  -??Cómo puedes decirle eso es nuestro hijo!?- le pregunto enojada la centauride reteniendo por un instante al líder de la tribu.

  -Puede, que tú lo consideres tu hijo, pero no es el mío, él no es como nosotros- repitió el centauro marchándose de ahí.

  -Tranquilo Jeno, tu madre siempre estará para ti- le dijo Eleira posando su mano en su hombro girándose rápidamente este a abrazarla.

  -Madre, yo sé que no soy como ustedes, yo sé que realmente no tenemos lazos entre nosotros, pero intento que me acepten y solo los alejo más- le decía el joven Jeno entre lágrimas y su madre se arrodilló quedando sus caras frente a frente y sus miradas chocando entre sí.

  -Escucha Jeno, yo sé que no soy tu madre biológica, pero me siento como si lo fuera, los centauros y los humanos, son muy diferentes, pero eso nunca me ha molestado, cuando te salvé yo...

  En ese momento Eleira le estaba abriendo su corazón a Jeno, le estaba contando la historia de su pasado.

  Uno en el que se puede ver a ella muy joven y a Mormalkhan con una juventud parecida, acaricia a un recién nacido centauro que estaba tratando de ponerse de pie, ambos jóvenes lo veían sonrientes con lágrimas de alegrías en sus ojos, si, ambos eran padres de ese peque?o centauro.

  Su crianza fue como la de un cazador, su padre lo entreno con el sable y su madre le ense?o el arte de la caza con el arco, su juventud fue feliz al lado de su tribu, pero llegaría el momento en que esta tendría que emigrar, los centauros son muy pocos comparados a anta?o, por eso evitan conflictos con los humanos, desplazándose su especie alejándose de los conflictos.

  Pero durante la emigración unos guerreros espartanos lograron avistarlos, el joven, pero glorioso hijo de Mormalkhan el líder de la tribu los distraería, su madre se negaba rotundamente, pero su padre confiaba plenamente en él, portando un enorme sable el centauro encaro a los espartanos, pero los fieros humanos le asestaron lanzas en el pecho y en la cabeza terminando con su vida.

  Eleira lloraba desconsolada y pretendía matar a esos humanos, pero Mormalkhan quien también estaba desconsolado tomo la decisión de salvar a resto de su gente y aprovechar la brecha que les había proporcionado su hijo para escapar.

  Varios días después se puede ver a una centauride de cabellos casta?os perdida en sus pensamientos con ojos inyectados en sangre de tanto llorar, en un momento sus sentidos de cazadora se alertan y puede observar como una mujer de piel morena se acercaba al río, de inmediato esta empieza a apuntarla con su arco con una expresión de odio... pero su mano se relaja y sus ojos recobran el sentido cuando la ven dejar a un peque?o entre unos arbustos para después ser cruelmente asesinada.

  Esta busca al peque?o cargándolo en sus brazos totalmente conmovida y de ahí en adelante se puede ver como esta lo cría, le da de comer, lo amamanta, lo ba?a, ve los primeros pasos sorprendida de esas piernitas débiles y así hasta el día de hoy...

  -Yo estoy feliz de ser tu mamá Jeno, me has devuelto la luz y el cielo que perdí, el que fueras humano o diferente nunca me molesto- le decía ella mientras lloraba.

  Jeno aún era un ni?o inmaduro y no sabía bien como reaccionar, pero algo en su interior se movió abrazando fuertemente a su madre sin decir ninguna palabra.

  -Mi peque?o, no le dirás nada al amigo que salvaste- le pregunto Eleira girándose el casta?o mientras se secaba las lágrimas caminando hacia el sátiro, ambos se observaron y Jeno le extendió la mano.

  -Mi nombre es Jeno, quiero saber el tuyo- le dijo este abriendo los ojos mientras se mordía las u?as de su otra mano.

  -Yan- dijo el sátiro tomando la mano de Jeno de manera rápida, -Mi nombre es Yan.

  Ellos no lo sabrían en aquel entonces, pero ambos jóvenes formarían una gran amistad que perduraría muchos a?os y que en un futuro no lejano se embarcarían en una gran aventura que les marcaría sus vidas.

  Desde entonces el joven Jeno no se rendiría en todas las cosas que hicieran los centauros esforzándose al máximo para superarse.

  Por ejemplo durante las prácticas de caza todos corrían para fortalecer sus pies, el ni?o apenas podía seguirle el paso, su corazón y pulmones no se comparaban y terminaría sofocado rápidamente y sus pies también les faltarían fuerza para continuar, justo cuando iba a caer alguien lo atrapa en el hombro, siendo este Yan.

  -Te ayudo amigo- le dijo el sátiro sonriéndole empezando a correr ambos para seguirle el paso a los centauros.

  En otro momento se podrían ver tanto a Jeno y Yan mirándose de frente y en ese momento el casta?o lo embiste, pero Yan esquiva con suma facilidad.

  -Eres muy obvio Jeno, así nunca podrás atraparme- le dijo este, pero el casta?o lo siguió embistiendo, pero para el satiro era muy fácil esquivarlo hasta un momento en que el de cabellos claros salta y se sienta en la espalda de Jeno llevándolo al piso, -Jeno, Jeno, deberías mejorar tus técnicas.

  -Pero mis pies no pueden seguir el ritmo de los tuyos, no puedo atraparte- refunfu?aba el casta?o bastante indignado.

  -Si tu cuerpo no es igual de fuerte usa la cabeza, eres humano no, piensa- le respondió el satiro mientras se levantaba y lo dejaba libre.

  -La cabeza entiendo- dijo Jeno y le lanzo un cabezazo al Satiro que esté esquivo con facilidad golpeando el casta?o con su cabeza el tronco de un árbol dejándole los ojos como remolinos desmayándose.

  -?Qué he hecho?- se preguntó Yan con varias gotas de sudor en su frente preocupado por su amigo.

  El tiempo volvió a pasar y se pudo ver de nuevo a los centauros corriendo por el bosque mientras Jeno se desplazaba entre los árboles a gran velocidad mirándolo indiferente Mormalkhan y su madre de manera orgullosa.

  Luego se pueden ver a unos Jeno y Yan más grandes peleando, pero Yan seguía a Jeno y este se movía entre los arbustos para despistarlo y cuando el sátiro vio estaba rodeado por un grupo de serpientes que lo empezaron a atacar mientras Jeno estaba en la rama de un árbol riendo.

  -Jeno, Jeno, me rindo, Jeno mi amigo, sálvame de estas serpientes- decía este y de pronto una le mordió el trasero aumentando la risa de Jeno.

  Después de repetir Yan esa frase unas cuantas veces más Jeno lo ayudo y ambos se carcajearon hasta tumbarse al suelo.

  Y así el tiempo paso, los dos amigos crecieron y pasaron varios a?os juntos hasta este momento.

  10 a?os después.

  A?o 430 a.C, bosques de Tesalia.

  -?Yan, Yan, donde se habrá metido este tonto?- se preguntaba un joven que se veía bastante fornido en los bosques, -Seguro, está acosando, a una se?orita.

  De pronto se escuchó la voz de una chica resonar en el bosque, alertando al muchacho.

  -Lo suponía...- dijo este suspirando empezando a correr rumbo a donde resonó el grito.

  Continuara...

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