home

search

Capítulo 4: El Ritmo del Silencio

  Antes de que saliera el sol, en el taller del Sector 7, el olor a café recién hecho luchaba contra el frío de la madrugada.

  Molen parecía una estatua de sal. Llevaba doce horas inmóvil frente a la tableta industrial, con los ojos inyectados en sangre, rojos como los leds de error del servidor.

  No había escuchado música. En su lugar, había reproducido en bucle el mismo audiolibro de una web novel de fantasía. La voz del narrador, describiendo sistemas de magia complejos y subidas de nivel, actuaba como un ruido blanco perfecto, ocupando la parte hiperactiva de su cerebro para que la parte lógica pudiera trabajar sin distracciones. Había escuchado el arco del torneo seis veces seguidas.

  El Hyperfocus lo había consumido todo. Esa capacidad neurodivergente le había permitido procesar cinco a?os de logs en una sola noche, una haza?a imposible para un cerebro lineal. Pero el costo energético era brutal. Su mente, normalmente una tormenta, estaba ahora en una calma absoluta y exhausta. Había encontrado el silencio. Había encontrado el patrón.

  Alphonse estaba limpiando una vieja placa de circuito con un cepillo de dientes, moviéndose con una calma que contrastaba con la electricidad estática que emanaba de Molen.

  — Lo tengo, Alphonse —graznó Molen, con la voz ronca por el desuso. Bebió un sorbo de agua—. La fábrica se queda sin aire. Se ahoga. Y cuando se ahoga, no dice nada. Solo entrega el vacío.

  Alphonse no levantó la vista de su trabajo. — ?Y qué planean hacer los Arquitectos?

  — Quieren levantar muros —dijo Molen, frotándose los ojos—. Muros gigantes de hormigón. Quieren rodear al consumidor con validaciones. Si la fábrica no da nada, el muro detiene la petición.

  El viejo dejó el cepillo y miró a Molen a través de sus múltiples lentes de aumento. — Un río fluye porque confía en su cauce, chico. Si construyes una presa cada diez metros para revisar la calidad del agua, ya no tienes un río. Tienes un pantano. Y en los pantanos, las cosas se pudren.

  Molen bajó la mirada hacia sus manos manchadas de grasa. La certeza lógica luchaba contra su realidad social. — Tienen razón en hacerlo... supongo. Es seguro. Además, ?quién soy yo para decirles lo contrario? Soy un JIT que arregla consolas viejas. Ellos son Ingenieros con pines de oro. Si voy y les digo que su muro es una mala idea, se reirán de mí. O me despedirán.

  Molen se encogió de hombros, derrotado antes de empezar. — Mejor me callo. Dejo que pongan sus muros. Al menos cobraré el finiquito cuando todo explote.

  Alphonse se giró lentamente. El sonido de su silla vieja chirriando llenó el silencio. — Hay un viejo proverbio en los manuales antiguos, Molen. Uno que los Soli han borrado de sus libros de texto.

  El viejo se acercó y le puso una mano en el hombro. — "No hay preguntas tontas, solo tontos que no preguntan. Y no se dicen ideas malas, solo hay malos oyentes que no las escuchan".

  Molen levantó la vista. — ?Y si no escuchan?

  — Entonces el problema es su oído, no tu voz —Alphonse volvió a su mesa—. Pero si te callas sabiendo la verdad, el silencio es tuyo. Y ese pesa más que cualquier muro. —El viejo se?aló hacia la parte trasera del local—. Ahora, apaga ese cerebro. Estás sobrecalentado. Ve a hibernar un rato.

  Molen asintió. El peso de la gravedad parecía haberse duplicado. Se arrastró hacia la peque?a sala de espera del taller, un rincón separado por una cortina de cuentas.

  Allí había un sofá de cuero sintético desgastado, con el relleno asomando por una esquina. Ese sofá era su hogar de lunes a viernes. Alphonse, en un gesto de generosidad silenciosa que nunca discutían, le permitía quedarse allí durante la semana laboral desde hacía 5 a?os, el mismo tiempo que llevaba como su aprendiz en el taller, recibiendo no solo alojamiento sino también comida y guía.

  Molen se dejó caer en el sofá. Curiosamente, aunque era una sala de espera pública, nadie nunca entraba allí mientras él estaba durmiendo. Molen no sabía si era suerte o si Alphonse colgaba algún cartel de "Cerrado" o inventaba excusas para mantener a los clientes alejados, pero agradecía infinitamente ese espacio seguro.

  Miró su reloj. Eran las 04:15 AM. Tenía que estar en Macro-Systems a las 08:00 AM. Calculó mentalmente: descontando el trayecto y la ducha, le quedaban 3 horas y media de sue?o. Su promedio habitual era de 6 horas para funcionar decentemente. Dormir menos de eso significaba acumular deuda de sue?o, pero el Hyperfocus de 12 horas le había robado la noche.

  — Modo de Ahorro de Energía activado —murmuró.

  Cerró los ojos y su sistema se apagó instantáneamente. Sin sue?os. Sin ruido. Solo negrura reparadora.

  Reading on this site? This novel is published elsewhere. Support the author by seeking out the original.

  Tres horas y media después, una alarma suave lo sacó del estado de hibernación.

  Molen se levantó, con el cuerpo rígido pero la mente reiniciada. Entró al peque?o ba?o al fondo del taller, una cabina estrecha con azulejos amarillentos pero impecablemente limpios.

  Abrió la ducha. El agua fría golpeó su espalda, terminando de despertar sus sentidos. Mientras se quitaba la grasa del taller y se ponía su uniforme de técnico (limpio y planchado, guardado allí mismo), Molen repasó su estrategia. El miedo seguía ahí, agazapado en su estómago, pero la charla con Alphonse y el descanso habían fortalecido su resolución. El silencio pesaba más que el miedo.

  Se miró al espejo, ajustándose el cuello de la camisa. Vio las ojeras, vio al "JIT" que el mundo despreciaba. Pero detrás de esos ojos cansados, vio también al único que sabía por qué el río se estuviera secando.

  Salió del taller, agradeciendo mentalmente al sofá vacío y al viejo Alphonse, y se dirigió a la estación.

  La Sala de Guerra de Macro-Systems era un búnker de cristal y acero en el piso 42.

  Cuando Molen entró, se sintió minúsculo. El aire estaba cargado de electricidad estática y ego. Alrededor de la mesa holográfica estaban Robert, Vincent y el equipo de técnicos de bata blanca.

  Pero Kael ya no llevaba bata de técnico.

  Hoy, Kael vestía un traje azul marino de corte italiano que gritaba dinero viejo. Su postura era rígida, perfecta. Molen recordó los rumores: Kael era un Vástago. Hijo de una dinastía de Solis, educado para gobernar el código. Su rotación en el taller no había sido un trabajo, sino un trámite burocrático.

  Kael lo miró con un cansancio infinito. La presión de ser perfecto le aplastaba los hombros. — Llegas tarde, JIT —dijo con voz afilada—. Estábamos a punto de desplegar la solución.

  Robert, ojeroso y envejecido, se?aló una silla. — Siéntate, Molen. Kael tiene una propuesta.

  Kael activó el holograma. — El problema es la desconfianza —empezó Kael, con oratoria de tesis doctoral—. La WaterFactory es inestable. La única solución responsable bajo la normativa ISO-27001 es la Defensa en Profundidad.

  El diagrama mostró cómo el WaterManager era rodeado por capas de escudos. — Hemos dise?ado muros de verificación —continuó Kael—. Cuarenta capas de hormigón lógico. Antes de beber, verificamos existencia, tipo, integridad. Si algo falla, el muro absorbe el impacto.

  — Es un búnker —dijo Vincent, asintiendo—. Sólido. Como debe ser.

  — Es impenetrable —afirmó Kael—. Ningún null pasará.

  Robert miró el diagrama. Era impecable académicamente. — ?Molen? —preguntó Robert—. Tienes la palabra.

  Molen se levantó. Le temblaban las piernas. Abrió la boca, pero no salió nada. Sintió las miradas de desprecio. El Síndrome del Impostor le agarró la garganta. ?Cállate. Siéntate. Eres un fraude?.

  Pero entonces escuchó la voz rasposa de Alphonse en su memoria: "Solo hay malos oyentes que no escuchan".

  — E... eso... —tartamudeó Molen. Kael soltó un resoplido de burla. Ese sonido fue el detonante. La indignación superó al miedo.

  Molen respiró hondo. Su mente JIT se activó. — Esos muros son perfectos —dijo, su voz ganando un poco de volumen—. Tan seguros que nada malo va a entrar. Pero... nada bueno va a salir tampoco.

  Kael arqueó una ceja. — ?Disculpa?

  Molen empezó a mover las manos, ganando confianza a medida que visualizaba el problema. — Imaginen una autopista. Ahora mismo, los coches chocan. Eso es malo. Pero su solución es poner un muro de peaje cada diez metros. Un muro donde un guardia detiene a cada coche, le revisa los papeles, el motor y las llantas.

  — Es necesario para la seguridad —interrumpió Kael con frialdad.

  — ?Sí! —exclamó Molen, olvidando por un momento dónde estaba—. ?Es segurísimo! Pero si tienes mil coches por minuto... y los detienes cuarenta veces... la fila no se va a mover. Se va a formar un atasco.

  Molen se giró hacia Robert, ignorando a Kael. Sus ojos brillaban con la intensidad de quien ve el futuro. — El sistema no se va a caer porque se rompa, se?or. Se va a caer porque se va a detener. Se va a cansar de esperar en la fila de sus muros. Va a ser un pantano, no un río.

  Hubo un silencio. Robert miró el diagrama de Kael con otros ojos. Veía los muros. Veía el costo invisible.

  — El chico habla de... congestión por latencia acumulada —murmuró Robert.

  — ?El chico habla con metáforas de granja porque no sabe ingeniería! —gritó Kael, perdiendo la compostura. Golpeó la mesa—. ?Mi solución es el estándar de la industria! ?Es lo que dicen los libros! ?Vas a arriesgar el departamento por la corazonada de un técnico que escucha audiolibros de fantasía en el trabajo?

  La sala se congeló. Vincent se levantó, mirando su reloj. — Ya basta. Robert, esto es una pérdida de tiempo. La propuesta de Kael sigue el protocolo. La del JIT es... poesía barata. Despliéguenlo.

  Molen intentó hablar de nuevo, intentó explicar que el protocolo estaba matando el flujo, pero Vincent levantó una mano. — Ni una palabra más. O te vas despedido ahora mismo.

  El miedo ganó. Robert bajó la mirada, incapaz de sostenerle la vista a Molen. — Procedan con el parche de Kael —susurró el Arquitecto.

  Kael sonrió con suficiencia, ajustándose la corbata. — Iniciando despliegue del Proyecto Aegis.

  Molen cerró la boca. Sintió una tristeza profunda, no por él, sino por el sistema. Recogió su mochila en silencio. Había preguntado. Había hablado. Ellos eran los que no habían escuchado.

  Salió de la sala mientras en la pantalla gigante una barra verde comenzaba a llenarse. Deploying Walls... 10% (Desplegando Muros... 10%)

  Kael suspiró aliviado. Había construido la fortaleza más segura del mundo. No sabía que acababa de convertir el edificio en una tumba.

  __________________________________________________________________

  > ?Te gustó el código? Si quieres invitar a este Dev a una bebida energética (BMAC)

  o leer capítulos por adelantado (Patreon), revisa los enlaces:

  https://buymeacoffee.com/molaya

  ?? Patreon: ;

  También puedes leerlo en mi página:

  __________________________________________________________________

Recommended Popular Novels