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0: Vectores

  Mi cuerpo ya no me obedece del todo.

  Lo noto en los detalles: la sangre que intenta escapar por donde no debería, el corazón que bombea con una urgencia torpe, casi desesperada, como si todavía no hubiera recibido el mensaje de que esto ya terminó. Mis pulmones halan aire por reflejo. El suelo bajo mis rodillas está frío.

  A mi alrededor, mis compa?eros esperan el final sin levantarse.

  No es cobardía. Es que ya calcularon lo que yo tardé más en aceptar: que algunos resultados no cambian por cuánto lo deseas.

  Al otro lado, Ultear Noltheim.

  La recuerdo en el primer mes, cuando todavía éramos solo números en un sistema que no nos conocía. La recuerdo en las batallas que perdí contra ella, en las que casi gané, en las que aprendí más de una derrota que de cualquier clase del profesor Huxtle. La recuerdo como rival. Como compa?era. Como la única persona en Aldoria que alguna vez me miró como si fuera un problema que valía la pena resolver.

  Ahora me mira cómo se mira el último paso de un camino que ya terminó.

  Los recuerdos no avisan cuando llegan. Vienen todos juntos, sin orden: el cubículo negro, la pantalla verde, la voz de Alpha anunciando 51.66 sobre 100 con la misma indiferencia con que anuncia cualquier cosa. Los profesores que apostaron por mí a pesar de ese número, o quizás por lo que vieron detrás de él. Las amistades construidas en el margen, en los pasillos, en los entrenamientos que nadie supervisaba. Cada vez que el sistema me llamó promedio y yo volví al día siguiente de todas formas.

  Al único que nunca decepcioné fue a mí mismo, pienso.

  Es un pensamiento extra?o para tenerlo derrotado en el suelo. Pero es lo único que siento que nadie puede quitarme.

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  Ultear extiende la palma hacia uno de mis compa?eros.

  Lo que hace no tiene un nombre simple. Ella controla vectores — dirección, magnitud, sentido — aplicados a cualquier fenómeno que pueda calcular. Luz. Velocidad. Fuerza. Gravedad. Todo lo que el universo mueve, ella puede redirigirlo, detenerlo, invertirlo. Y ahora esos vectores se concentran en algo más preciso: extraer. La energía astral de mi compa?ero comienza a salir de él como agua de una tela exprimida, limpiamente, sin desperdicio, sin dejarle nada con qué resistir.

  él no grita.

  Ya no le queda ni eso.

  Entender exactamente lo que sucede me rompe. Sé cómo evitar que esto pase, conozco cada capa del proceso, veo la apertura que Ultear no ha cerrado. Pero ya no tengo energía por exprimir. He llegado demasiado tarde.

  El corazón sigue bombeando.

  Obstinado. Inútil. Mío.

  Levanto la vista hasta el cielo.

  Un punto brillante llega desde el horizonte, y lo sé antes de que los demás lo vean: es el rescate. Los aliados Kelmira descienden rápidamente, con una precisión aterradora que solo tiene la élite. Mis compa?eros reciben apoyo: sus cuerpos revitalizados, su energía recuperada, sus heridas aliviadas con métodos que yo no puedo lograr en este instante.

  Y yo, nuevamente, no puedo hacer un cambio verdadero.

  No sin preparación.

  Ultear me mira un instante antes de retroceder. No hay victoria en su mirada. Tampoco compasión. Solo el registro frío de alguien que ya sabía cómo iba a terminar esto desde el principio.

  Tal vez tenía razón.

  O tal vez el problema es que yo también lo sabía, y vine de todas formas.

  El corazón bombea.

  No sin preparación, repito en silencio, como si fuera una promesa y no una derrota.

  [Cuatro a?os antes]

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