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37. Entrenamiento (Parte 2)

  —Mochi, quítate la ropa.

  La orden fue simple, pero su tono era serio, dejó claro que no era una broma. Mochi sintió su rostro calentarse debido a la vergüenza.

  Desató la cinta que sujetaba la bata de la posada con manos que temblaban un poco. Inspiró hondo para calmar el corazón; dejó caer la tela al suelo. Se quedó en ropa interior. Por dentro respiró aliviada: había elegido un conjunto bonito, no demasiado llamativo, que la hacía sentir un poco más segura.

  Aun así, su rostro ardía en un tono rojo. Había compartido ba?os con Haruka antes, pero ahora era distinto. Ver a Haruka sentada, inmóvil, observándola con esa intensidad, hacía que su nerviosismo creciera.

  —Haruka… si me miras así no voy a poder quitarme el resto— tartamudeó, llevándose las manos a la cara.

  Haruka apartó la mirada en un movimiento rápido, Mochi le pareció que había visto fuego en sus mejillas. Sus orejas elfas quedaron rojas.

  —Lo siento —murmuró Haruka, soltando la disculpa—. Si quieres, puedes dejarte la ropa interior.

  —Cuando si estás lista, acuéstate boca abajo en el futón.

  Mochi obedeció y con delicadeza se dejó caer sobre el futón, apoyando la frente en las manos y mirando por encima del hombro la figura de Haruka que se arrodillaba a su lado. Haruka abrió con cuidado uno de los frascos azules que había preparado y humedeció sus palmas con una peque?a cantidad de líquido.

  —Este líquido es parecido al que usamos para conservar los núcleos de anomalías —explicó Haruka en voz baja—. Ayuda a preservar y conducir el eter. Hoy los usaremos para facilitar el flujo del eter, quiero que sientas tu depósito interno de éter.

  —Yo… —Mochi tragó saliva—. ?Cómo lo hago?

  —Cierra los ojos —indicó Haruka—. Respira despacio. Piensa en esto como un masaje, voy a inyectar una peque?a corriente de mi éter. Tú sólo concéntrate en cómo se mueve dentro de ti y trata de guiarla con la intención.

  Las manos de Haruka hicieron contacto con la espalda de Mochi.

  Fue apenas un toque… pero el efecto fue inmediato.

  —?Ahn…! —Mochi apretó los labios y se cubrió la boca en un intento desesperado por contener el sonido. Su rostro, ya colorado, brilló aún más, como si se hubiera transformado en la luz roja de un semáforo.

  No esperaba que el masaje se sintiera así. La había tomado completamente por sorpresa, como un relámpago que se extendía desde su nuca hasta la punta de su cola.

  —Continuaré —dijo Haruka, tranquila, completamente concentrada—. Mochi, céntrate en sentir el éter dentro de ti. Al no ser tuyo, será más fácil percibirlo. Solo trata de moverlo dentro de tu cuerpo… y notarás cómo naturalmente se acumula en un punto.

  La mano de Haruka rozó la nuca de Mochi de nuevo mientras situaba sus palmas con firmeza sobre su espalda desnuda. Mochi soltó un peque?o gemido contenido:

  —?Mmn…!

  —Relájate —susurró Haruka, su voz suave como el incienso que llenaba la habitación—. Imagina que el éter es agua tibia que corre por tu interior. No la fuerces. Solo… deja que fluya.

  Mochi cerró los ojos. Respiró hondo, contando hasta tres para calmarse. Al principio solo notó un hormigueo agradable en la piel. Pero luego, como si algo dentro de ella despertara, sintió el flujo.

  El éter de Haruka.

  Lo sintió entrar por su espalda, deslizarse por su columna en una suavidad cálida, derretirse en su pecho, bajar por su abdomen… hasta llegar más abajo, donde comenzó a acumularse y latir.

  —?Lo sientes? —preguntó Haruka, repitiendo el proceso con precisión.

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  —?Nnh…! siento que se reúne en un lugar.

  —Bien, hora dirige todo el éter hacia ahí.

  Mochi obedeció. Torpe al inicio. Hasta que, lentamente, todo el éter que Haruka había inyectado en ella se reunió en un único punto.

  —Muy bien —murmuró Haruka—. Lo lograste. ?Puedes sentir en qué zona de tu cuerpo terminó acumulándose?

  —Sí… —dijo Mochi mientras se incorporaba un poco en el futón, con el rostro todavía encendido. Colocó una mano sobre su vientre bajo, justo bajo el ombligo—. Aquí.

  Haruka asintió, orgullosa, con una sonrisa suave.

  —Exacto. En las mujeres, el éter se concentra y almacena en el útero. En los hombres, en cambio, se almacena en el corazón. Cada uno tiene ventajas… y también desventajas.

  —?Desventajas? ?Qué desventajas hay? —preguntó Mochi con la respiración agitada pero no por curiosidad sino más bien con la esperanza de que la explicación de Haruka fuera extensa y le diera tiempo de recomponerse.

  —Las desventajas… bueno —comenzó con su tono profesional, sin notar que Mochi rogaba internamente porque hablara mucho—. Como decía: el lugar donde se almacena el éter se lo llama palacio etéreo. En los hombres está en el corazón; eso les permite distribuir el éter muy rápido a cada parte del cuerpo, esto les otorga una gran explosividad pudiendo liberar grandes cantidades en un instante.

  —En nosotras, el palacio etéreo está en el útero. Eso significa que el éter tarda un poco más en recorrer el camino hasta el corazón, por lo que no podemos generar tanta fuerza de golpe… pero a cambio, nuestra capacidad de almacenamiento es mayor. El espacio es más amplio y más seguro, así que podemos manejar mucho más éter que un hombre.

  —Ajá… sí… sí, claro… —Mochi asentía de manera automática mientras pensaba por favor sigue hablando más, por favor…

  Pero Haruka aplaudió suavemente sus manos, cerrando la explicación de golpe.

  —Bien, suficiente teoría. Es hora de la parte principal. Ahora que eres consciente de tu palacio etéreo, voy a inyectar una gran cantidad de éter de una vez. No aumentará su tama?o, ya que los humanos no pueden hacerlo absorbiendo éter ajeno, pero sí te ayudará a grabar bien la sensación. Recuéstate otra vez.

  —?E-eh? ?A-ahora? —Mochi tragó saliva, queriendo huir.

  Aun así, obedeció. Se acomodó boca arriba esta vez, respirando hondo y temblando un poco. Haruka se empapó las manos en la sustancia azul.

  Haruka colocó sus manos con suavidad sobre la parte baja del vientre de Mochi.

  —Bien, Mochi… prepárate. Enviaré una gran cantidad de éter de golpe. Será la mayor hasta ahora.

  —H-Haruka, espera… espera un momento, ?sí? ?Espera! ?N-no, no—!

  Pero ya era tarde.

  —??AAAAHHNN—!!

  —

  Minutos después

  La habitación estaba en silencio.

  Un futón, dos tazones de incienso aún humeantes y, al fondo, un bulto tembloroso envuelto en una manta.

  —Mochi, por favor sal de ahí —pidió Haruka por quinta vez—. Ya te dije que estas cosas… pasan. Es completamente normal.

  —?No digas “normal”! ?No lo es! —chilló Mochi desde dentro del capullo.

  Haruka se arrodilló a su lado, igual de roja, con su serenidad habitual hecha pedazos.

  —E-es verdad… quizá no tan normal —admitió, mirando a otro lado—. Pero no pasa nada. De verdad. No tienes que avergonzarte.

  —?QUE NO DIGAS ESA PALAAAABRAAA! —Mochi enterró aún más la cara en las rodillas.

  Pasaron varios minutos más antes de que Mochi lograra calmarse. Cuando por fin salió de la manta, se sentó en el futón con las rodillas recogidas, dándole la espalda a Haruka incapaz de mirarla a la cara por la vergüenza que sentía.

  —Haruka… ?este entrenamiento es algo por lo que pasan todos los agentes? —preguntó Mochi, aún con la voz temblorosa.

  —No, en realidad no. Hoy en día ya no se lleva a cabo. Es complejo y los requisitos para realizarlo son difíciles de cumplir.

  —?Ehhh? —Mochi giró la cabeza de golpe, sorprendida—. ?Entonces por qué tuve que pasar por todo ese vergonzoso entrenamiento?

  Haruka suspiró, acomodando un mechón de su cabello blanco detrás de la oreja.

  —Porque era necesario. Es el método más rápido para fortalecerte. Dentro de un mes habrá una prueba para todos los agentes que quieran ascender a rango 4. Será una prueba difícil… y peligrosa. Con tu nivel actual, sería muy arriesgado para ti. Por eso elegí usar este método con ambas. Y fue la decisión correcta: las dos respondieron excepcionalmente bien.

  En cuanto Haruka dijo “ambas”, el ambiente cambió por completo.

  —?Con… ambas? —repitió Mochi, pero su tono ya no era el habitual. era más frío—. Usaste este mismo método con Miyu, ya veo. Me alegra que a Haruka le guste darle ese tipo de masajes a todos.

  Haruka parpadeó, desconcertada. Nunca antes había visto a Mochi enfadada con ella.

  —Mochi, cálmate, sólo era—

  —No necesito calmarme, no estoy enojada, de hecho estoy perfectamente bien.

  Mochi se puso de pie y salió caminando de la habitación antes de que Haruka pudiera detenerla. Su cola estaba erizada, sus orejas rígidas.

  Mochi caminó por los pasillos sin rumbo, su respiración rápida, su pecho oprimido.

  Se apoyó contra la pared, mirando la ventana cercana.

  Se pruguntaba porque habia actuado asi, no lo sabía. No lo entendía. Era sólo entrenamiento. Haruka sólo intentaba ayudar, no tenía la culpa de nada. Y sin embargo… esa molesta seguía ahí.

  Se acercó a la ventana. Afuera, la nieve caía suavemente sobre la monta?a.

  Fue entonces cuando la vio.

  Una figura femenina salía por la puerta principal de la posada: era Rin, la hija de los due?os. Iba vestida únicamente con el uniforme de trabajo, sin abrigo, sin bufanda, sin nada que la protegiera del frío gélido de la noche.

  Caminaba con tranquilidad, como si la temperatura no la afectara.

  —?Qué…? —Mochi frunció el ce?o. Como catsith, solo asomar la nariz con ese frío ya era tortura. ?Cómo podía Rin caminar así?

  Rápidamente la perdió de vista. Se quedó mirando un largo rato, distraída, hasta que decidió que era hora de volver.

  Finalmente, dio media vuelta y regresó a la habitación.

  Cuando abrió la puerta, Miyu ya estaba dentro, arrodillada sobre su futón y jugando con su wagasa . Levantó la mirada, notando el ambiente pesado de inmediato.

  —?Sempai? …?Todo bien? —preguntó, aunque su tono demostraba que sabía que algo no lo estaba.

  Mochi simplemente asintió sin decir nada y se metió en su futón, dándole la espalda tanto a Haruka . Haruka tampoco habló; mantenía la vista fija en el techo, con expresión tensa.

  Las tres se acomodaron en silencio, Miyu quedando en medio, atrapada entre un ambiente tan denso que casi podía cortarse con un cuchillo.

  —

  A mitad de la madrugada, Mochi abrió los ojos de golpe al escuchar pasos apresurados en el pasillo. Voces se mezclaban con un sonido de puertas abriéndose.

  Haruka también despertó, alerta al instante. Miyu se incorporó más lentamente, frotándose los ojos.

  —?Qué pasa afuera…? —murmuró.

  Las tres salieron al pasillo. Varios empleados de la posada corrían de un lado a otro con linternas en mano, nerviosos.

  —?Disculpen! —los detuvo Haruka—. ?Qué ocurre?

  Los empleados se miraron entre sí, dudosos de si debía contarle a un huésped lo que sucedía, hasta que uno finalmente habló.

  —La hija de los due?os… Rin… ha desaparecido. No la encontramos por ninguna parte.

  Mochi sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

  Ella la había visto irse.

  Y ahora… estaba desaparecida.

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