—Pero bueno, hablando de manzanas... Tengo hambre, deberíamos buscar algo para comer, como una hamburguesa —dijo Eszter, escaneando los alrededores con una esperanza casi infantil.
—No digas tonterías, Eszter. Las hamburguesas no tienen una estructura biológica que crezca en los árboles ni se encuentren en estado salvaje —le respondió Máté con su tono monótono de siempre—. Son procesados complejos de origen animal y vegetal.
—Máté tiene razón, Eszter —concedió Bernát soltando un suspiro—. Pero es cierto, yo también tengo hambre. Por más que hemos caminado, no veo ninguna se?al de civilización... ?Qué se supone que vamos a comer?
En ese momento, un crujido entre la hierba alta cortó la conversación. Los tres se giraron al unísono. Un conejo blanco, que habría parecido perfectamente normal si no fuera por el cuerno cristalino que brotaba de su frente, los miraba con una indiferencia absoluta.
—La comida llegó a nosotros. Miren, les mostraré el poder de una psicóloga. Con mi habilidad ahora soy invencible —anunció Eszter, extendiendo su mano hacia el animal con un gesto dramático—. Tú, amiguito, vas a entrar en un estado de sumisión hipnótica, caminarás hacia nosotros y te dejarás cocinar.
Eszter se llevó una mano a la sien y cerró los ojos con fuerza, concentrándose. El conejo la miró un segundo, movió la nariz y siguió masticando pasto. Luego, con una parsimonia insultante, dio media vuelta y empezó a alejarse trotando.
—Felicidades, quedaste en ridículo —sentenció Máté—. Estamos en un claro; su vector de escape es limitado. Podemos atraparlo físicamente.
—?Claro que podemos! —gritaron Eszter y Bernát al unísono, más por hambre que por confianza.
Salieron disparados. Máté iba directo al frente mientras Eszter y Bernát intentaban flanquearlo para cortarle las rutas de escape. El conejo, sin embargo, dio un salto con una potencia cinética que desafiaba cualquier biomecánica terrestre conocida. Máté logró pivotar sobre su eje para seguir la trayectoria, pero los otros dos no tuvieron tanta suerte: chocaron de frente y terminaron en el suelo, enredados en un nudo de extremidades.
—?Maldito conejo, lo voy a matar! —gritó Eszter, levantándose y pisoteando accidentalmente la pierna de Bernát mientras reanudaba la carrera.
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—Al menos pide perdón... —murmuró el chico, levantándose a duras penas.
La persecución duró veinte minutos. El animal esquivaba cada intento con una agilidad que Bernát solo pudo describir como "no-euclidiana". él y Eszter estaban empapados en sudor, con los pulmones ardiendo por el esfuerzo. Sorprendentemente, Máté lucía impecable.
—Oye... ?Por qué tú no estás sudando? —jadeó Eszter, deteniéndose en seco—. Antes eras pésimo en deportes.
—Es simple —respondió Máté sin mostrar agitación—. Gracias a mi habilidad, he optimizado la hidrólisis del Adenosín Trifosfato (ATP). He suprimido la termogénesis innecesaria mediante el control de la permeabilidad de las membranas mitocondriales. Básicamente, mi cuerpo convierte el 100% de la energía química en trabajo mecánico sin disipación de calor por entropía. No sudo porque no desperdicio energía.
—?Entonces solo... no te cansas porque eres una máquina perfecta? —preguntó Eszter, indignada.
—Esto no va a funcionar —intervino Bernát, dejándose caer al suelo mientras su corazón latía a mil por hora—. Ese conejo tiene una aceleración instantánea que supera nuestra capacidad de respuesta motriz. Vamos a morir de hambre antes de atraparlo.
Bernát se quedó mirando el cielo un segundo y, de repente, una chispa de lógica cruzó su mente. Se puso de pie de un salto.
—Máté, asústalo. Haz que salte hacia aquí. ?Yo me encargo del resto!
Máté confió en su amigo y se lanzó a una velocidad constante hacia el animal. El conejo, asustado por la masa rígida que se le venía encima, realizó un salto parabólico perfecto hacia la posición de Bernát.
"Okey... piensa, Bernát", se dijo a sí mismo mientras el tiempo parecía ralentizarse. "La gravedad parece ser g \approx 9.8 \text{ m/s}^2. Alcanzó el ápice en t = 0.5 \text{ s}. Si la velocidad vertical final en el punto máximo es 0, entonces v_y = g \cdot t = 9.8 \cdot 0.5 = 4.9 \text{ m/s}. Si el ángulo de despegue fue de aproximadamente 45^\circ, la velocidad horizontal v_x es idéntica. El tiempo de vuelo total será de 1 \text{ s}. El alcance será R = v_x \cdot t_{\text{total}} = 4.9 \cdot 1 = 4.9 \text{ metros}".
Se posicionó exactamente a cuatro metros con noventa centímetros. El conejo impactó directamente contra su estómago, sacándole todo el aire de un golpe seco, pero él lo rodeó con sus brazos en una presa mortal. No iba a dejar ir su cena.
—?Lo logramos! —celebró Eszter—. Aunque creo que Bernát murió en el proceso. Más carne para mí.
—No estoy muerto, tonta —contestó él, recuperando el oxígeno con dificultad.
Horas después, el aroma a carne asada llenaba el aire frío de la noche. Estaban sentados junto a una fogata improvisada que Máté había logrado encender.
—Lo siento, amiguito, pero sabes demasiado delicioso —dijo Eszter. Quién diría que la vegana más estricta de Budapest se rendiría tan rápido ante un conejo con cuerno.
—Parece que sobrevivimos a nuestro segundo día. Todo gracias a los cálculos de Bernát —reconoció Máté, masticando con eficiencia mecánica.
Los tres se quedaron callados, mirando el firmamento. Las estrellas no formaban la Osa Mayor ni Orión; era un mapa nuevo, un universo distinto. Pero mientras estaban allí, sentados juntos, el vacío del espacio ya no se sentía tan frío.

