CAPíTULO 6 SI LA PERRA ESTá AMARRADA…
04/octubre/1992
Un auto blanco pasó a toda velocidad por la casa de una mujer saliendo de Nueva Rosita, de poco más de 35 a?os, quien lo vio angustiada, mientras entraba con pasos lentos y hombros polvorientos, la ropa sucia y gastada.
Afuera, en el patio de tierra seca, sus hijos jugaban con juguetes viejos y maltrechos, rescatados probablemente de la basura y remendados con cinta. No se quejaban, aunque el hambre debía estar doliéndoles tanto como a ella.
Sintió el retortijón en el estómago, un recordatorio cruel de que no había probado bocado desde el día anterior. Suspiró tocándose el vientre. Su esposo ayer había salido temprano con su mejor traje y su corbata favorita azul. Con la esperanza de encontrar algo, trabajo, comida —lo que fuera— para traer a casa, pero hasta ahora no había vuelto. Por su mente pasó que probablemente los abandonó.
Se acercó al fregadero, tomó un poco de agua y se la echó en el rostro, intentando despejarse. Desde la ventana, miró a sus hijos reírse y corretear entre la tierra. Su inocencia era lo único que parecía intacto. Con un suspiro, se dejó caer en el sillón de la sala. Si no podía llenar el estómago, al menos podía llenar la cabeza con otra cosa. Tomó el control.
La pantalla parpadeó con una ráfaga de estética blanca y negra, chisporroteando antes de estabilizarse. La imagen tembló unos segundos hasta que el logo del canal apareció en la esquina superior derecha.
?TING!… El sonido metálico de la cortinilla retumbó en la peque?a sala.
—Buenos días, México.
La voz del reportero sonaba cansada, pero con ese tono forzado que trataba de parecer profesional.
—Les habla Hugo Gómez de Elerisa, su canal de confianza. Con el resumen internacional del día.
En la pantalla apareció un mapa del mundo, con regiones resaltadas en rojo y verde. La mujer se cruzó de brazos. Sabía lo que venía.
—Hoy, la hermandad musulmana ha terminado de oficializar su alianza con Andras. Acordando el uso exclusivo del euro en sus transacciones petroleras y una alianza militar —él hombre se frotó la nariz—. El impacto ha sido inmediato. El dólar abrió con una caída en los mercados que no se había visto ni en la Gran Depresión —cambió de hoja. —Washington ha condenado la medida y promete represalias, pero los analistas para estas alturas, miran una ofensiva militar improbable debido a la defensiva de la Europa Unificada con Medio Oriente. La caída del gobierno israelí ante el cerco de Andras y con la prohibición de rutas mediterráneas para E.U. No hay realmente una medida contundente viable.
Al haber tropas europeas en Canadá desde la caída del bloque soviético, la situación es clara. Todos los analistas llegan a la misma conclusión, Estados Unidos ha dejado de estar a la ofensiva y ha pasado a la defensiva. Una invasión es más que probable. Aunque el gobierno de los Estados Unidos aún no ha dado declaraciones, las imágenes satelitales no dejan dudas. El verdadero Dragón Europeo ha despertado. El rey de reyes parece que cumplirá su promesa de que la sangre azul gobierne nuevamente.
La mujer tragó saliva. Si hubiera guerra, entonces todo lo demás iba a empeorar.
—Mientras tanto, en la ahora llamada por sí misma Texas republicana, el movimiento separatista crece con cada vez más fuerza. Inspirados por la reciente toma de Venezuela por parte de este, Nicolás Chávez. Algunos líderes texanos creen que es momento de abandonar la unión antes de que todo colapse. Aunque todos sabemos la verdadera razón, y es que son aliados de Andras.
El periodista hizo una pausa, frunciendo el ce?o.
—Claro, la Casa Blanca dice que no permitirá ni la militarización de Canadá ni la independencia de Texas… pero, ?quién los toma en serio a estas alturas?
La pregunta más importante ahora no es lo que pasa en Europa o el norte, sino ?vale la pena que México siga teniendo de socio un aliado como los Estados Unidos? —miraba a la cámara como si la viera a ella a los ojos. —?Debería México unirse a Andras?
Varios tipos, con ropa de granjeros, unos 5, estaban sentados vigilando entre las piedras en una loma, sus sombreros les tapaban del sol tan potente de la ma?ana del desierto de Coahuila. —Patra?as —dijo uno de ellos —?En serio creen que se irán a la guerra entre ellos? Puro cuento.
Otro tipo comenzó a cambiar la frecuencia. —??Quieres callarte Juan?! —La radio comenzó a dar otra noticia.
—Tal parece qué a raíz de los eventos de anoche, en Nueva Rosita, el congreso se ha reunido de emergencia con el presidente de la república, buscan dialogar sobre este lamentable hecho que ha ocurrido en el país. El presidente está buscando cualquier forma para no declarar un estado de excepción y sacar a los militares a la calle, se ha pedido una calma masiva ante los llamados a las marchas a nivel nacional, pero el lamentable fallecimiento de la familia del general Brigadier Aurelius ha hecho de esto un tema sumamente delicado. —Shhh. Apaga esa madre, escuchen —interrumpió otro.
Un auto blanco con mucho humo en el motor, el cual se veía a lo lejos en la carretera, se detuvo. De él salió Thiago corriendo, con la cara del maquillaje del show deslavada, abrió la cajuela para intentar ver qué pasaba pero el humo lo apartó. Desesperado, comenzó a patear el vehículo.
—‘Iren al payaso se le descompuso su auto. Je, je —dijo uno con un acento tan agropecuario que te ofendería de solo escucharlo.
—Vamos Pancho. —Un tipo robusto con un bigote bien peinado, y un AK-47 en la espalda, le dio un codazo y caminó hacia Thiago.
Cuando llegaron, desenfundó su fusil. —?Todo bien amigo? Thiago se volteó y al ver sus armas, se puso nervioso. El desvelo se notaba en sus ojos —No quiero problemas —se tensó.
Panchito negó con la cabeza. —?Oh pues! Cómo es la pinche gente ?no López? Uno queriendo ayudarles y ya piensan que les quieres hacer algo.
López inspeccionó el auto destruido y allí los vio.
Lucien en el asiento del copiloto con una madera en la mano como yeso y unas bolsas de plástico usadas como ligas.
Elisse atrás con sangre seca en la nariz y con la boca pálida respirando a duras penas.
—Carajo, parece que el que nos dará problemas eres tú —reconoció a Elisse.
Elisse no sabía si estaba muerta o viva. Lo único que pudo sentir fue como unos brazos cálidos la tomaban con delicadeza.
Después solo podía sentir cómo su cuerpo se tambaleaba escuchando el rugido de un motor. —Aguanta —escuchó a lo lejos y una silueta, la misma que vio antes de desmayarse en Bunny Boom, le acomodó el pelo y la agitó para mantenerla despierta.
Cerró los ojos.
Un pinchazo en la vena del brazo izquierdo la hizo sentir algo otra vez.
Por último, pudo sentir cómo el aire le dejaba quemar en el interior de la nariz. Abrió los ojos, pero todo le daba vueltas, miró para todos lados y todo estaba borroso. Solo sentía algo alrededor de la cara. Miró una silueta femenina con ropa blanca, a una chica que juraba haber visto antes y una mujer con traje y saco, de piel morena y labios carnosos, pero entre todo eso, hubo algo que podía ver claro, al fondo, yacía sentado una figura de un hombre con ropa totalmente desgastada, rota y sucia, con pocos pelos y los pocos mechones feos que tenía estaban duros por la suciedad. Con uno o 3 dientes y los ojos grises por las cataratas.
Una sonrisa que el tipo hizo fue lo último, volvió a caer en coma.
BIP… BIP… BIP…
Thiago estaba al lado de una enfermera. La cual observaba a Elisse. —Sus pulmones están demasiado da?ados, y la contusión en su cabeza le ha da?ado la columna. Es-es un milagro que lograra mantenerse tanto tiempo con vida, te seré sincera —suspiró hondo mientras volteaba a verlo. —No creo que pase de hoy, moverla es demasiado peligroso —finalizó marchándose. —Lo intentaste muchacho.
Thiago exhaló viendo a Elisse. Todo el da?o que tenía, las vendas en su cabeza, las manos y el respirador. —No te preocupes —le dijo el anciano sonriendo —Ella estará bien, ya me lo dijo Quetzacóatl. Thiago hizo una mueca , viéndolo. Probablemente estaba mal de su cabeza o senil. De repente entró López. —?Cómo sigue?
Thiago negó con la cabeza. —Lo lamento. Selenia quiere hablar contigo, ven ahora mismo.
López lo llevó por una granja, la cual estaba llena de varias casas de acampar, al parecer era una antigua hacienda ??Los due?os permitían esto??, pensó.
Mucha gente estaba allí, no supo cuánta era, ?unos 550? No, un poco más, tal vez.
Había gente acomodando cajas, separando hortalizas, maíz, algunos acomodando ganado a lo lejos. Otros en lo que parecía un telar. Un grupo de madres platicando, amamantando a sus hijos, pero algo que le pareció muy curioso, fue que no eran solo mexicanos, volvió a prestar más atención, había estadounidenses también, algunos afroamericanos, blancos.
—?Por qué hay tanta gente aquí?
—Sigue caminando —fue lo único que respondió López.
A Thiago se le atravesó un hombre cargando varias cajas con lo que parecían armas. —I’m sorry —era un muchacho gordito de pelo café.
—No te preocupes.
Entraron a la carpa donde había una mujer de tez morena, pelo negro, ojos color café, de unos 1.67 metros, vestida con un traje. Su pelo estaba amarrado con un mo?o y se le notaba disgustada.
—?Supongo que ya sabes por qué estás aquí? ?No? —le dijo —toma asiento. —Caminó a su frente —Estabas en Bunny boom., dime que paso allí.
Thiago se notaba tenso, solo la había visto una vez de reojo —He escuchado sobre ti. Selenia.
—No te pregunté eso. Dime, ?qué viste ahí? —Selenia arqueó la ceja.
Thiago miró a López, quien lo miraba con un rostro de curiosidad sosteniendo su codo con una mano y la otra peinando las esquinas de su bigote. Pensó un poco.
—Trabajábamos en ese circo, estábamos haciendo un show como siempre, y de la nada hubo unas explosiones, luego, a esa chica rubia la querían secuestrar unos tiradores, entonces la salvamos yo y una amiga que ya no está conmigo.
Selenia sonrió. —Qué linda historia —se llevó las manos a la quijada —Curioso que el due?o del circo no nos haya contado esa versión. —Thiago abrió los ojos, justo cuando López se puso detrás suyo apuntándole en la cabeza. —Será mejor que hables y digas la verdad. —El rostro de ella se oscureció. Volvió a sonreír y con una voz más seca le volvió a preguntar. —Ahora que ya estás acorralado, dime quiénes son ustedes y por qué tu amiga provocó ese incendio, ?Qué haces en nuestra hacienda? ?Cómo es que me conoces? Imagino que Antonio te pagó para que trajeras a su hija aquí. —Se levantó muy seria —Oh, debo suponer que nos quieren culpar por un secuestro para deslegitimizarnos ante la población. Es eso, ?No? Antonio quiere decir que fuimos nosotros los comunistas quienes lo provocamos.
Thiago levantó las manos. —Escuche, no es lo que parece. Sí, no somos del circo, éramos ladrones, ?Ok? Selenia, trabaje para ti, como contrabandista.
—Pff ajá ?y el incendio? —Selenia le dio se?ales a López para que quitara el seguro.
—No puedo responder eso, porque… —Thiago no quería delatar a Miranda y su arma mágica, no podía —.... ?Bah! No importa lo que diga, ustedes están seguros que yo soy uno de ellos, quieren información que no tengo para seguramente después matarme ?sabe qué, se?ora? Máteme de una vez. Solo, por favor, salven a ese hombre y a la se?orita que traje. Se los debo, le quité todo a Lucien, yo… solo sálvenlo eso es todo —Cerró los ojos esperando el disparo.
—Vaya forma de intentar salvar tu pellejo —respondió Selenia.
—Nunca me ha interesado si me matan. Lo único que me importa es no deberle nada a nadie.
Selenia alzó los brazos. —Bueno, López, asegúrate que no sepan que ellos estuvieron aquí y encárgate de la hija de Antonio también. —Se volvió a sentar. López tomó a Thiago tirándolo de la silla, caminando con él mientras lo arrastraba. él intentaba pararse, pero solo conseguía caerse y caminar con las manos para seguirle el paso.
Lo sacó por fin y de un tirón lo aventó lejos. Se paró y caminaron.
—?En serio no vas a luchar por tu vida? —López a Thiago, apuntándole en la espalda entre la mira, preguntó.
—No mato gente.
Marcharon unos metros y un grito los detuvo. —?Jefferson! —era una voz conocida. Charlie apareció sonriente —?Jefferson, estás bien! —lo abrazó con fuerza.
—Y así fue como pasaron las cosas, parecía que esos tipos venían con explosivos y los pusieron por varias partes de Bunny Boom. Fue gracias a ese amable hombre que me acercó hasta acá… ?Dónde ésta? —dijo Charlie a Selenia con Thiago detrás. López aún le apuntaba. Thiago lo entendió todo, al parecer Miranda había golpeado una de esas bombas por accidente, y eso provocó la explosión.
Selenia se les quedó viendo. —?Puedes sostener esta versión con el due?o del circo?
—... ??Lucien está vivo?! —Charlie emocionada brincó —?Por Jesús! ?En serio está aquí? ?Dónde está?
Selenia miró a López ordenándole que deje de apuntar, quien le ayudó a Thiago a levantarse. —Perdón muchacho, tú entenderás. No es algo personal —Sonrió limpiándole el polvo de su traje.
Thiago asentó un poco enojado, pero aceptando sus disculpas.
El grupo salió de la carpa y caminaron hacia el hospital que no era más que un granero improvisado con López, por las dudas, estando detrás de los dos muchachos.
Cuando ingresaron al hospital en una habitación improvisada con sábanas para separarlas, estaba allí Lucien con un entablillado improvisado con dos maderas, sentado platicando con la enfermera. —Me gusta que una mujer como tú me cuide —Lucien fingía una sonrisa coqueta por el estrés del día de ayer.
La enfermera estaba algo sonrojada pero se asustó al escuchar la cortina correrse.
—Hola de nuevo, Lucien —dijo Selenia —?Puedes dejarnos a solas un rato María? —La enfermera se marchó despidiéndose en silencio de él. —Tenemos a una persona que quiere hablar contigo. —De detrás de ella salió Thiago.
La sonrisa de Lucien se volvió una de odio al verlo —?Qué hace este aquí? —Detrás de Thiago le siguió Charlie.
—Charlie… —Su voz se cortó, se paró de golpe y la abrazó con todas sus fuerzas besando su frente. —?No puedo creer que estés viva peque?a escurridiza. ?Ja,ja,ja! ?Gracias Jesús!
Charlie se acurrucó en sus brazos sonriente intentando no llorar —Pe-perdón, no supe qué hacer, me secuestraron, ellos me metieron a ese carro que explotó …
Lucien no le dejó terminar. —No importa, lo que importa es que estés bien. Perdónenme —la apretó aún más —Yo soy el único responsable —agachó la mirada —No debí traerlos aquí.
Una lágrima estuvo a punto de salir de su rostro pero Selenia lo detuvo.
—Charlie tiene que explicarte, ella dice que… —Selenia se rascó la cabeza —... ?Cuál era tu nombre muchacho?
Charlie iba a responder, cuando Thiago se le adelantó diciendo su nombre real.
Nuevamente Lucien se le quedó mirando enojado, otra mentira de él, pero Charlie le acarició el brazo viéndole con un rostro de tristeza negándole responder, tenía que explicarle…
Y así, Charlie explicó su versión, dándole espacio a Thiago de explicar por qué estaban también ahí en el circo, evitando hablar del arma mágica de Miranda.
El rostro de Lucien hacia Thiago pasó de odio a un poco de escepticismo pero ya más calmado.
—Wow… parece que te viste involucrado en algo más grande ?no es así Thiago? —habló López.
—Lo lamento —Thiago se encogió de brazos. —Estábamos desesperados por dinero, no queríamos hacerle da?o a nadie, no había trabajo, teníamos hambre. Yo, nosotros… —Un fuerte golpe lo tiró al suelo.
—Luego te lo cobraré —respondió Lucien mirándolo feo sin importarle sus huesos rotos —… gracias por salvarme la vida de esos policías.
Selenia exhaló —bueno ya habrá tiempo que hablen, ahora solo falta una cosa más… saber por qué esa gente la querían a ella… —dijo y todos miraron a Elisse allí acostada con el respirador en la nariz.
—Será mejor que coman algo y descansen un poco. María te traerá algo Lucien, ustedes dos, síganme —Selenia les hizo se?as.
El grupo salió nuevamente y Maria caminó rápido sonriente hacia Lucien, evidentemente estaba muy atraída por él.
—?Ya me puedes decir qué es este lugar? —preguntó Thiago a López.
—Me desconcierta, ?cómo es que sabías quién soy? —interrumpió Selenia.
—Contrabandeaba mercancía para narcotraficantes y ustedes los guerrilleros desde que llegué a México.
—?En serio? —Selenia esbozó una sonrisa —Eres de los nuestros entonces.
—No podría afirmar eso.
Selenia se detuvo y lo miró de reojo por varios segundos directo a los ojos. Lo analizó con meticulosidad, después sonrió. —Somos una peque?a comuna, recién formada muchacho. Hace unos meses nos hartamos de los due?os de este lugar, así que decidimos tomarla.
—Selenia fue la que nos ayudó en ello junto a Thomas, consiguiendo armas, probablemente de alguna de las tantas que contrabandeabas —respondió López, con una sonrisa.
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—No fue fácil —siguió Selenia sonriente —supongo que debes conocer a Dimitrov ?No? ?Thiago? —tomó una manzana, agradeció al anciano que las llevaba. —él nos ha estado ayudando junto con varios contactos en el norte a pasar armas a este lado de la frontera.
—?Son comunistas! ?Yo… Dimitrov, el protegido de Daddy. —Charlie tenía un tono de suspenso reconociendo el nombre de un político comunista en California el cual estaba muy demonizado en los Estados Unidos.
Selenia volvió a verla sonriente. —Se podría decir que sí, pero yo prefiero el término Zapatista.
—?Por qué llevas esa ropa? —preguntó Charlie —Aquí hace mucho calor.
—Bueno, así vestía cuando era profesora de ciencias políticas y sociales en la Universidad Estatal de Chihuahua —se sonrojó un poco acariciando la cabeza como avergonzada —Hay hábitos que no se quitan, supongo.
—?Adónde nos estás llevando? —interrumpió Thiago.
—Necesitan comer, pero sobre todo donde dormir ?no? Supongo que no tienen a dónde ir por el momento —finalmente llegaron al destino.
Era un peque?o comedor donde estaban sirviendo arroz con frijoles y un poco de cerdo.
—Es lo poco que podemos ofrecerles de mientras —se volteó a ver a López —López, por favor, cuando terminen de comer, llevalos a una de las carpas para que pongan una para ellos, después intenta ver dónde los puedes acomodar. Sean bienvenidos al movimiento popular de liberación nacional de Coahuila.
Ellos no habían siquiera aceptado y esta mujer ya los estaba acomodando dónde vivir, les dio comida y además les iba a dar un peque?o oficio. Bueno, era mejor que nada, pensó Thiago, espera. ?Cómo qué movimiento popular?
Los dos jóvenes comieron la comida que aunque no era de su agrado, era preferible a nada. Lucien comió con la enfermera en el hospital… Muy pegaditos.
De la ma?ana pasó a la tarde, los dos jóvenes pusieron las carpas. López les ofreció tres, pero Charlie le dijo que solo necesitaban dos, ya que ella pensaba dormir junto con Lucien. Separados obviamente, ?cuándo una lesbiana dormiría pegada a un hombre?
Y así se hizo la noche. López los llevó a unas regaderas improvisadas, donde habían ba?os, les dio ropa y se llevó las suyas viejas.
En la enfermería, Lucien fingió no poder lavarse, haciendo que la enfermera lo ayudara… y bueno, ya sabes qué pasó, ninguno de los dos desaprovechó la oportunidad, la mujer hizo cosas con sus partes íntimas de Lucien con la excusa de que no podía estar estresado y tratar de levantarle el ánimo por la tristeza que sentía por su circo. Un pretexto de una mujer para comerse a un hombre vulnerable. Bueno, Lucien de vulnerable no tenía nada, ni en ese momento.
Ya era la madrugada. Todos dormían. Solo había varios guardias rondando por el lugar con fusiles. Dentro y fuera de los perímetros de la hacienda. En la enfermería estaba todo tranquilo. Solo el bip del medidor cardiaco sonaba.
Elisse tenía un gesto tranquilo, pero empezó a tener peque?as contracciones, despertó con un fuerte suspiro tragando aire. Comenzó a toser con fuerza cubriéndose la boca. Miro las vendas de su mano, peque?as manchas de sangre quedaron con sus flemas.
Tembló muy asustada. —?Al fin despertaste! —dijo alguien a su lado. Elisse volteó rápido y allí estaba… otra vez el anciano. —Uy… eso no se ve nada bien —sonrió y esos dientes todos podridos la asquearon.
Comenzó a mirar a todos lados, un jodido granero, estaba en un jodido granero, miró las camas y sintió picazón en su piel, probablemente pulgas. Quiso vomitar en serio y marcharse, pero no tenía la suficiente fuerza.
Se volvió a dejar caer en la cama gritando internamente del jodido asco, tapándose el respirador para no despertar a nadie.
05/Octubre/1992
Al día siguiente, la enfermera caminaba feliz, comiendo un poco de avena y leche llevándole a Lucien un poco. —Buenos días, dormilón —sonrió.
—Buenos días, o mejores diría yo con una mujer tan preciosa trayéndome el desayuno. —Respondió él con una sonrisa de amante satisfecho, tenía una mano como almohada, la cual, la posición mostraba sus enormes bíceps venosos para recibirla lo más sexy posible.
La mujer se le iba a acercar feliz cuando los interrumpieron. —Ya era hora que llegara —sonó al fondo. Elisse la estaba mirando enojada.
Lucien se levantó para mirar quién habló —?Eh?
—Gata desgraciada, me tuvo toda la noche esperando —Elisse se cruzó de manos. El coraje en sus ojos era de miedo.
—?Ey! Despertaste —le respondió la enfermera feliz.
—Váyase al demonio, igualada. Dígame dónde estoy.
Esto enojó a la enfermera, quien le pasó la comida a Lucien —sostenme aquí. —No debes hacer tanto esfuerzo aún. —Revisó su pulso y condición.
—?Qué demonios tengo?, ?por qué no me puedo parar?
La enfermera se puso un poco incómoda y le explicó lo que tenía, a medida que lo hacía, el rostro de Elisse palidecía del coraje.
—?Llévenme a un verdadero hospital ahora mismo! —gritó con todas sus fuerzas, su voz se desgarró y comenzó a toser sangre.
—No puedes moverte en esta condición, es un milagro que te encuentres con…—decía la enfermera pero ella la interrumpió.
—?Me importa tres pepinos mi puta condición, quiero que me saquen de esta porquería de lugar, y que me lleven a un lugar civilizado bola de mandriles con ropa! La cara de enojo de la enfermera fue todo, se giró sobre sí misma y salió del granero.
—Oye, deberías calmarte, esta gente te salvó la vida, una sonrisa no vendría mal, ?sabes? —respondió Lucien.
—Tú cállate el puto hocico, ?quién pidió tu opinión? —le gritó Elisse a Lucien el cual, al ver la frustración de ella, se refugió en su comida ?Pero qué pesadita?, pensó.
El anciano comenzó a reír por la rabieta de Elisse —?Ja, ja, ja, ja!
—?Y sáquenme a este maldito mendigo asqueroso de aquí de una putisima vez! —gritaba a la nada. —?Ni siquiera pueden tener un lugar limpio para los enfermos indios idiotas!
Selenia, Thiago, López y la enfermera estaban allí frente a Elisse.
—?Ustedes me secuestraron verdad malditos hijos de puta? —Elisse intentaba rascarse sus vendas pero no podía. Así que la enfermera, toda profesional le ayudó.
—No, de hecho —sonrió Selenia se?alando a Thiago —este joven te salvó la vida junto a su amiga.
Elisse cruzó los brazos intentando no toser mirando a Thiago, lo vio por varios segundos y ambos compartieron miradas, después apartó la mirada. Por su mente solo pasó una cosa, el fue lo último que vio antes de desmayarse y quién la cargó. Empezó a ponerse roja. —Jum —regresó la mirada a los demás. —Será mejor que me saquen de este maldito lugar ahora mismo o cuando mi perè se entere…
Afuera de la granja un camión de lo que parecía llevaba verduras llegó a la Hacienda.
De ella descendió el hombre alto, de unos 2,05 metros de altura. Afro, con un bigote, pecas y de unos 55 a?os de edad. Las canas ya se le notaban en la cabeza y las ojeras que le acompa?aban eran claro indicio de un cuerpo que ha visto tiempos mejores pero se negaba a rendirse.
—Por fin llegaste Thomas —un tipo lo recibió.
—A Seta y Re?ir les está costando aún más enviarnos armas y dinero. La tensión sube demasiado en Monahams. —Respondió con una voz demasiado gruesa. —Las armas están debajo de la comida. Avísale a López, para que comience a repartirlas a las demás facciones.
—Claro —respondió el tipo.
—?Dónde está Selenia?
—Está con un pendiente en el granero, un pendiente muy grosero… —El tipo movía las cajas.
Thomas se quedó viendo a la nada y caminó hacia allí.
—?Menudos hijos de puta, cuando mi perè se entere, los eliminará a todos! —refunfu?aba Elisse, saboreando su futura victoria. —Ya los veo suplicando por sus miserables vidas.
Thomas ingresó —Selenia, ?qué pasa aquí?
Ella se volteó y lo miró —Thomas, regresaste —sonrió. —Nada importante, solo una chiquilla mimada —apretó el tabique de su nariz.
Thomas volteó a ver a Elisse y se sorprendió. —?No es esta la muchachita de la qué todo el país esta hablando y en el sur de Estados Unidos?
Selenia afirmo con la cabeza.
—Al menos saben con quién se están metiendo —Elisse sonrió de forma cínica.
—Ni?a estúpida —Selenia rio leve —?Sabes en dónde estás? Estás con la gente que quiere matar a tu padre. —Elisse se irguió retándola. Pero Selenia levantó el rostro. —Veamos cómo lo toma Antonio cuando te encuentre agujereada en medio de la carretera. López, mátala. —Se marchó mientras su amigo cargaba cartucho.
De repente la sonrisa de Elisse se esfumó, su cuerpo se relajó del miedo y miró a López asustada.
—?Wow wow! —Thiago se puso enfrente de López. —Esperen, no hay necesidad de algo así.
—Será mejor que te quites, Thiago. Esta muchachita es una peste igual que su padre. —Selenia lo miró de reojo.
—No hay necesidad de matarla solo por una suposición.
—Estas viendo cómo es, si así trata a la gente que le tiende la mano, ?cómo crees que lo haga con los que odia?
—Creo que empezamos con el pie derecho con ella también. —Thiago alzó los brazos hacia enfrente intentando calmar las cosas.
—Te dije que te quites, Thiago —la cara que antes tenia una sonrisa en Selenia pasó a una fría que aterró incluso a Elisse. —Si no te apartas, yo misma te mataré.
Thiago quería quitarse, no era su asunto, pero algo no lo dejaba, salvar a esta chica, como con Miranda, les debía cuidarlas.
Lucien se paró y se puso igual enfrente de Elisse sorprendiendo a Thiago. —Esperen, Jo, jo, por favor. Ella también es una víctima de lo que pasó, piénsenlo, la querían matar también. Si la curan, seguramente su padre estará eternamente agradecido. Salvar a la hija de un hombre tan poderoso es algo impagable, e incluso puede que evite que parezca que ustedes provocaron lo de mi circo.
Selenia se quedó quieta analizando si tenía razón, mientras López esperaba su se?al.
—?Basta! —gritó Elisse quitándose el respirador de la boca y los conectores del medidor, levantándose de golpe, bueno, intentándolo. —?Creen qué voy a ser su moneda de intercambio contra mi perè? ?Qué se creen?
—Je, je, je, je, ?esto va a ser divertido! —gritó el loco.
—?Púdrete Marginal! ?dejame en paz! —gritó Elisse enojada a una silla vacía. Cosa que hizo que Selenia, López y Thomas hicieran una mueca. ?A quién le hablaba?
Intentaba andar. —Les prometo que hablaré con mi perè, sobre este favor, pero no quiero estar en un lugar tan… humilde. —alzó la mano haciendo un gesto de que cerraran la boca todos —?adiós! —finalizó caminando forzadamente.
—Si eso quieres, por mí no hay problema —Selenia se apartó del camino para que se vaya. Cuando Elisse pasó por su lado le murmuró —no regreses, perra.
—No puedo creer que me tuvieran en un maldito establo pulgoso —refunfu?ó caminando con dificultad. Abrió la puerta y observó el exterior unos segundos, pero la vista se le nubló por completo. Cuando intentó dar un paso más, su cuerpo cedió.
La enfermera intentó correr hacia ella, pero Selenia la detuvo agarrándole la blusa por la parte del hombro. —Selenia… —escuchó decir a Thomas.
Ambos se miraron por varios segundos. Selenia chasqueó la cara y la soltó se?alando con el dedo. —Curen a esta maldita y luego regrésenla con ese infeliz, asegúrense que su estúpido padre no se olvide que nos debe un favor. —Caminó hacia afuera, no sin antes darle una patada a Elisse fuerte para ladearla y no se ahogara, quien aún no estaba del todo inconsciente, temblando al sentir el golpe.
Thiago corrió hacia Elisse y la cargó. —Tranquila, te regresare a la cama. Elisse por la falta de aire tenía miedo de perder la consciencia y morirse, por la desesperación apretó la mano de Thiago antes de desmayarse por completo.
06/octubre/1992
Ya era nuevamente de madrugada, Elisse volvió a despertar tragando aire, pero esta vez tosiendo más fuerte. Era claro que su condición empeoraba.
—Buenas noches —le dijo la enfermera. Elisse se puso roja del coraje, pero no le quedó de otra que tragarse su coraje.
—No te preocupes, una vez que sea más fácil moverte, te llevaremos con tu familia. Debes estar aquí mínimo tres días. ––Se levantó a acomodarle su almohada.
—?Tan grave es?
—Solo puedo decirte que deberías agradecer a Dios que sigues con vida. Tienes que ser fuerte, probablemente vas a tener que vivir toda tu vida con un respirador… lo siento mucho… ?Pero ey!, aunque estás empeorando por un motivo no has colapsado. Es raro, pero al parecer eres muy resistente —la enfermera le acomodó un mechón de pelo.
El silencio se adue?ó del lugar.
—?Puedes dejarme sola? … por favor —Elisse intentaba no llorar pero se notaba en su rostro. La enfermera aceptó, llevándose su equipo con ella.
Una cascada de recuerdos cayo sobre Elisse. Ella discapacitada, su frerè… todo esto era demasiado. No quería vivir así. Todos sus sue?os habían acabado. Sollozó por mucho tiempo, no quería derramar sus lágrimas en un lugar así, miró sus brazos los cuales podía ver parte de su piel quemada por las vendas. —No… —sniffeo.
La puerta del granero se volvió a abrir. El loco, quien llevaba un libro entre sus manos caminó con pasos tan abiertos que parecía que tenía pa?al. —?Ey! Viejo, linda noche —dijo Lucien, y este le alzó la mano saludándolo.
Caminó hasta Elisse sentándose en el suelo, le esbozó una breve sonrisa.
—??Quieres dejarme en paz de una vez, maldito!? —gritó ella resistiendo no llorar —??Cuantas veces tendré qué decirte que te odio y me das asco?! —sollozó con todas sus fuerzas apretando la mirada.
El tipo abrió el libro y le robó la vela que tenía Elisse a su lado.
—?Te acuerdas de esto que escribiste?
—?Yo qué? —preguntó Elisse para sí misma.
—Es raro que no te acuerdes, me enviaste a las tierras de tu madre para que lo pudiera —abrió comillas —”entender”, hace casi 18 a?os. ?No te acuerdas cómo Elienor te castigó y odió por eso?
Elisse se quedó boquiabierta ante todo lo que dijo.
él anciano le mostró un libro pintado con crayolas y rayones que solo un bebé podría hacer y entender —mira, es tu letra. Je,je,je.
Ella dirigió su mirada estupefacta hacia Lucien, quien solo alzó los hombros. El hombre afinó garganta. —Dejame refrescarte tu memoria.
—Mucho antes, en los albores donde el tiempo aún no se atrevía a contar sus propios pasos, donde la oscuridad era madre. —El loco agarró un mechón de pelo en forma de lentes y fingió que se puso unos. —Lecho y prisión de toda cosa, surgieron los primeros. Eran la conciencia misma del universo. La forma más pura del pensamiento que se observa a sí mismo: sin carne, sin hueso, mente viva flotando en lo eterno. Son poderosos, más allá del entendimiento, pues conocían el todo. El nacer de las galaxias, el danzar de los átomos, el ardor de los soles.
No había nada que no comprendieran, pero no todo lo podían porque pensar no es transformar. Sentir no es tocar. Ellos lo sabían, pero no podían hacer nada. Durante miles de millones de a?os —más de los que cualquier cráneo hecho hueso podría concebir —Observaron y observaron.
El universo se expandía. Nacían estrellas y morían en explosiones gloriosas. Las piedras flotaban en silencio y, a veces un planeta despertaba.
Entonces hubo una: Gea. O al menos así la llamaron los humanos, —la primera que se atrevió —logro romper su plano y descendió. Su descenso fue una explosión de sentido. Por primera vez, uno de ellos no solo pensaba, sentía. Y ese instante bastó. Una semilla de sí misma se manifestó. No como energía, sino como materia. Y en ese acto creo algo único… la vida. —El anciano sonrió mostrando a Elisse y Lucien un dibujo humanoide mal hecho.
—Pero no, no era en “la tierra”. Era otro mundo, un orbe húmedo y frío donde se gestó el primer suspiro orgánico. Una peque?a bolita de los dioses. O que la humanidad más tarde llamaría así, pero no nos adelantemos.
Gea no lo supo, pero ese instante peque?o en el que estuvo, no solo creó la vida, sino que ella misma se reprodujo. Ese peque?o instante en el que estuvo en el plano físico, nació una igual a ella: Atenea —el anciano sonrió. Quien ahora es madre de uno de ustedes, la cual acompa?ó a Gea, en los Campos Elíseos.
—Pasaron varios millones de a?os, la vida se arrastraba, se multiplicaba por todo el universo, pero le faltaba algo. Atenea decidió descender y al ser hija de Gea, le resultó más fácil. Allí abajo sintió que era nada, así que creó la forma para pensarse a sí misma y por fin, poder pensar. Así nació la consciencia. De su ascenso, nació otro Dios: Hanuman.
—La vida vivía y era consciente, pero hubo un problema, arriba hubo entre los primeros, alguien que no aceptó lo que Gea hacía ni aceptaba a su hija: Dichín.
Quien consiguió aparte de Gea, bajar, intentando eliminar la vida al corromperla.
Consumiéndola entre ella infectando con un germen: el hambre.
Cuando Dichín subió, nació su hija: Freya.
Allí, en ese plano, comenzó una discusión algo triste, la hija de Dichin y la de Gea, pelearon, Atenea y Freya se vieron obligadas a pelear por defender aquello que les dio vida, pero fue algo que no tenía sentido. Hasta que un día, Freya discutió con su padre, negándose a seguir peleando. Decidió hacer algo: ir contra el padre.
Bajó nuevamente, y el hambre que ya estaba consumiendo todo en la vida lo detuvo y convirtió el hambre, lo expandió, todas las formas de vida, las comenzó a moldear de forma distinta, las hizo diferentes, y de eso, nacieron los sentimientos, por consiguiente la vida comenzó a usar el hambre en algo más, deseo, pasión, amor. Uso el regalo de Atenea y allí guardo el suyo propio. La vida le había dado un sentido al hambre creando la evolución. Al subir dio a luz a Prometeo.
La vida se expandió, ese ciclo se repetía en otros mundos. Una y otra vez. Siempre lo mismo, vida y belleza.
Hasta que en una peque?a mota de polvo azul nacieron las hormigas.
?Oh! Las hormigas. Las peque?as obreras, sin ambición, pero con un orden. Sociedad perfecta. Una armonía brutal que parecía dise?ada por geometría. Resistieron extinciones, inviernos, volcanes y glaciaciones. Luchaban, morían, y volvían. Esto complacía a todos, por fin, vieron algo que les emocionaba. Y pensaron ?por qué los dioses no comenzaban a crear dioses en ese plano? Pero las hormigas eran demasiado perfectas. No cambiaban; no evolucionaban; se mantenían en su gloria ciega, atrapadas en un bucle. Y el Olimpo no quería expandirse en círculos. Así que probaron con otras criaturas: Abejas; Trelipsops unos bichetes que viven en la galaxia de hércules…. nada. Todos eran prisioneros de su dise?o. Evolucionaban para no expandirse mas. Siempre tocaban un techo de perfección en sus propios cuerpos.
Millones de a?o después un simio bajó de los árboles.
Tenía pulgares, pero más que eso, era ambicioso. Tomó una rama, la partió, la blandió, golpeó. Por primera vez, una criatura usaba la creación para más que hacer nidos, más que para hacer casas. Las usaba para cazar.
Los primeros se estremecieron.
Prometeo decidió bajar como uno de ellos, les dio la capacidad de usar el fuego para cazar. Y al ver que no se asustaron se maravilló.
Por primera vez, un dios no les dio algo dentro de ellos sino que les ense?ó algo.
Ese acto fue una chispa. En la tierra se encendieron las hogueras, se cocinaba la caza, se calentaban cuerpos.
Cuando Prometeo subió, su hija Saravasti apareció.
Pasó un tiempo y el humano seguía maravillando, cazando y quemando cosas, pero había algo en ellos, no solo su evolución.… Eran hermosos, sabían que su belleza podían expresarla no solo en sus cuerpos, Saravasti decidió bajar, y les ense?ó el arte. Se metió en sus pensamientos, los hizo cantar; pintar; danzar; plasmarse a si mismos. Con su partida nació Quetzalcóatl. —El anciano sonrió y volteó a ver a Elisse.
Cuando Quetzalcóatl, tu madre, bajó. Les ense?ó a sembrar, a domar la tierra. La humanidad por primera vez, dejó de vagar y así nació tu hermana Enheduanna. —Sonrió nuevamente mirando a Elisse —Cuando Enheduanna bajó, la humanidad comenzó a contarse a sí misma el pasado. Las palabras se clavaban en piedra; en piel. Podían pasar generaciones sin olvidar. Y así, Enheduanna recorrió el mundo, escribiendo sobre su especie y los que bajaron antes. Y con ello, nacieron los mitos. Y con los mitos. Las sociedades se empezaron a unir en extensiones más grandes y a la vez a dividirse.
Ya no eran hermanos. Eran fieles a uno, enemigos del otro. Se mataban por nombres. Por símbolos. Por interpretaciones. Eso entristeció a Enheduanna que subió nuevamente buscando una forma de arreglarlo.
Prometeo, con el corazón astillado por su propio don, volvió a la tierra. Dando a luz a alguien que caminaría entre ellos mientras le aconsejaba desde los Elíseos. Su hijo trajo amor y perdón, era un hombre honorable llamado Jesús, mas la humanidad lo dividió otra vez. Lo adoraron, sí, pero también lo usaron como excusa para masacres. No comprendieron su mensaje. Lo pusieron en templos, pero no en actos.
Enheduanna vio los palacios construidos sobre la miseria de otros, intentó que la humanidad dejara de usarlos como excusa a su odio para que se unieran. Decidió entregar un nuevo don: igualdad y emancipación. A su hijo lo llamaron Karl Marx y predicó una fraternidad nueva, basada en el trabajo, en la justicia para todos y él rechazo a la explotación, pero el odio y las divisiones eran más grandes. Por primera vez el regalo fue rechazado. No reinterpretado, no olvidado. Quemado.
Los dioses asombrados, comprendieron que algo profundo se había quebrado en la humanidad. Enheduanna decidió armar otro plan: 5 de ellos bajaron liderados por su madre, Quetzalcóatl. Optando que sus hijos olvidaran ser dioses, mostrándose con todo lo malo de la humanidad, para que la humanidad viera en ellos sus errores. Y así, entendieran el da?o que se hacen a sí mismos.
No solo bajaron, decidieron entregar a sus hijos una identidad alejada de ellos, lograron con la ayuda de Gea romper los lazos que conectaba a estos 5 dioses, con los campos elíseos, siendo los primeros dioses inmortales en el plano mortal y mortales en el plano inmortal. —Cerró el libro —?Ya recordaste cómo me contaste esta historia? Hija de Quetzalcóatl, Elisse Aurelius y a tu igual, hijo de Karl Marx, Lucien Everheart. Eres la mujer que reparara y traerá gloria a los primeros nuevamente. —El loco sonrió.
Lucien y Elisse se quedaron quietos sin saber qué decir, ella volteó a verlo, él no dejaba de ver al anciano sin pesta?ear.
De repente el tipo se tiró un pedo y se rio.
—?Maldito asqueroso largate, largate, largate! —gritó Elisse —?Enfermera! ?Enfermera! ?Por favor venga! ?Saque a este anciano de aquí por favor!
La mujer entró asustada —??Qué pasa?!
—?Saque a este mugriento de aquí! ?Por favor! ?Por favor!
El anciano al ver tal puchero se paró y salió corriendo fuera, atravesando el cuerpo de la enfermera como si fuera un fantasma, haciendo que Lucien abriera más los ojos.
—?Tranquila Elisse tranquila! —la enfermera intentó calmarla, pero ya había entrado en shock.

